domingo, 24 de mayo de 2015

El Califato se afianza como Estado


Los soldados del califa Abu Bakr al Bagdadi están resueltos a honrar su nombre y convertirse en un Estado islámico. La conquista de Ramadi y Palmira les abre las puertas a seguir avanzando hasta Bagdad y Damasco, a punto de cumplirse un año de la proclamación del califato. Su último paso ha sido el control del puesto fronterizo de Al Tanf, también conocido como Al Walid, el único cruce entre Siria e Irak que quedaba en manos del Ejército de Bachar al Asad.

En semana y media los yihadistas se han hecho con la parte oriental de la provincia siria de Homs, una extensa zona transfronteriza que les une a la provincia iraquí de Al Anbar, que también dominan. Una unión física sin presencia de tropas enemigas y una región que alberga yacimientos de hidrocarburos vitales para financiar su guerra.

¿En que situación queda el régimen de Al Asad tras las últimas conquistas?

Tras años jactándose de ser el Ejército más poderoso de Oriente Medio, las tropas de Bachar al Asad están perdiendo la guerra. Damasco solo domina el 22 % de Siria. El Estado Islámico controla la mitad del territorio (más de 95.000 km2). El resto está en manos de grupos kurdos, islamistas y milicianos del Ejército Libre Sirio (ELS), los primeros en rebelarse contra el régimen y que tras cinco años de guerra han quedado muy relegados pese al apoyo de Turquía. Desmoralizado, el Ejército sirio se ve impotente ante tantos frentes abiertos, pese a la ayuda de Hezbolá e Irán. Su función queda relegada a defender la costa de mayoría alauí, el sur y las áreas cercanas a Damasco. Ayer vio como el Frente de Al Nusra tomó el hospital de la ciudad de Yisr al Shughur (Idlib) donde llevaba asediados desde hace un mes 150 soldados, sus familias y burócratas del régimen, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).


¿Que repercusiones tiene la toma de Palmira? 

Además del valor cultural, Palmira es un enclave estratégico. En esta ciudad convergen varias rutas, una hacia el oeste de Siria y otra hacia la frontera con Irak. Los yihadistas pueden lanzar desde aquí si se lo proponen el asalto a Damasco y Homs, capital de la provincia homónima, dos bastiones de Al Asad. Además constituye una nueva vía de intercambio de suministros y hombres entre Siria e Irak.

¿Y la de Ramadi? 

Si Palmira abre la puerta a un asalto yihadista a la capital siria, Ramadi es la lanzadera hacia Bagdad. Solo les separan 100 kilómetros. El mismo califa Al Bagdadi anunció hace una semana que sus planes son llegar a Bagdad y Kerbala, ciudad santa de los «infieles» chiíes.

¿Por qué logra avanzar el Estado Islámico? 

El anunciado debilitamiento del EI, por su derrota en Tikrit y la muerte de varios líderes o la incapacitación de Al Bagdadí, tras ser herido en un bombardeo, ha resultado falso. Tiene un mando militar - exoficiales del Ejército de Sadam Huseín y exmiembros de Al Qaida- bien organizado y que dirige a más de 25.000 combatientes. Pero además de un ejército, el Estado Islámico tiene ya las estructuras que definen a un Estado. Se ha convertido en administrador de la vida de millones de personas entre Siria e Irak. Tiene recursos (hidrocarburos, tierra cultivable, centrales hidroeléctricas) y una suerte de administración civil, basada en el terror pero eficaz en el funcionamiento de los servicios públicos bajo un férreo control policial y la ley de la sharia. Muchos civiles optan por huir, pero otros deciden quedarse porque no tienen a donde ir. La ONU calcula que al menos un tercio de los 200.000 habitantes de Palmira permanecen en la ciudad.

¿Qué ha fallado? 

El avance ha puesto de relieve que la guerra aérea de Barack Obama no conseguirá derrotar al Estado Islámico si no hay una fuerza potente sobre el terreno. El único lugar donde ha funcionado fue en el enclave fronterizo de Kobani, con las fuerzas kurdas bien entrenadas y pertrechadas. Obama no quiere ni oír mencionar la posibilidad de volver a desplegar tropas en Irak ,y ha optado por acelerar el entrenamiento y el equipamiento de las tribus suníes, además de enviar más de mil cohetes antitanque al Ejército iraquí. Los suníes se quejan de la falta de apoyo de Bagdad, que teme que si los arman puedan revolverse contra el Gobierno dominado por los chiíes. Las milicias chiíes son el último recurso para salvar Ramadi, pese a la brecha sectaria que se puede abrir. En cuanto a Siria, EE. UU. sigue negándose a trabajar codo con codo con Bachar al Asad para derrotar al Estado Islámico.

¿Y ahora qué? 

«Por decirlo a las claras: Estado Islámico es, o está a punto de ser, lo que dice ser: un Estado», explica a la agencia Reuters David Kilcullen, antiguo estratega de operaciones de contrainsurgencia de EE.UU. Los analistas creen necesario un cambio radical de estrategia que no afronte la lucha contra el EI como una simple organización terrorista. Washington reconoció el miércoles que estaba reexaminando su estrategia, pero un día después Barack Obama negó la máxima de que se estuviera perdiendo la guerra.

El EI reivindica el atentado con 20 muertos contra una mezquita chií en Arabia Saudí

Veintiún muertos y cien heridos fue el saldo del atentado suicida que sacudió ayer una mezquita de la minoría chií en el este de Arabia Saudí. El Estado Islámico (EI) se atribuyó el atentado a cargo del «hermano mártir Abu Amer al Nashdi», que «irrumpió con su cinturón explosivo en una concentración de chiíes infieles».

En noviembre del 2014, el líder del EI, Abu Bakr al Bagdadi, llamó a la guerra en Arabia Saudí. El califa urgía a los saudíes a rebelarse contra los chiíes, la familia reinante Al Saud y los soldado. Ese mismo mes lanzó un ataque contra los chiíes que dejó ocho muertos. En abril, las autoridades anunciaron el desmantelamiento de una célula de 65 personas sospechosas de tener vínculos con el grupo extremista suní.

El suicida se inmoló dentro de la mezquita situada en la provincia de mayoría chií de Al Qatif, coincidiendo con la oración del viernes y las celebraciones por el nacimiento del imán Huseín, por lo que el templo estaba repleto. El ambiente en la calle era tenso. Muchas personas salieron a las calles gritando lemas prochiíes, mientras circulaban por la red imágenes y vídeos de cadáveres envueltos en telas.

El atentado eleva aún más las tensiones sectarias en Arabia Saudí, ya en aumento desde el inició de la operación saudí contra el movimiento chií de los hutíes en Yemen. La provincia de Al Qatif junto con la de Al Ahsá forman parte de la región de Al Sharquiya de mayoría chií. Esta comunidad representa en torno a un 10 % de la población saudí y se queja de sufrir discriminación y marginación.
Prácticamente al mismo tiempo explotó otra bomba delante de una mezquita chií en la capital de Yemen, Saná, que dejó trece heridos. El ataque también fue reivindicado por el Estado Islámico.

Fuente: LaVozdeGalicia

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