martes, 19 de agosto de 2014

Estado Islámico forja un centro jihadista en el corazón de Medio Oriente


Ridiculizado al principio, el nuevo poder que se apoderó de un tercio de Irak y provocó los primeros ataques aéreos de Estados Unidos desde el retiro de sus tropas en 2011 se ha forjado a sí mismo una poderosa y posiblemente duradera presencia en Oriente Medio.

El bombardeo a los combatientes del grupo Estado Islámico suní (EI) difícilmente cambiará la situación en Irak y su fragmentada condición que dio al autoproclamado califato la oportunidad de establecer un centro jihadista en el corazón del mundo árabe.
El ejército jihadista, cuya ambición de crear un califato transfronterizo entre los ríos Éufrates y Tigris no fue tomada inicialmente en serio por sus opositores, está hoy exultante y envalentonado por sus victorias militares.

Los guerreros de ese nuevo califato explotan las fracturas sectarias y tribales en la sociedad árabe, sometiendo a las comunidades a través del terror y aprovechando la renuencia de Occidente a intervenir con más firmeza en la guerra civil en Siria .

La decisión del presidente estadounidense Barack Obama de involucrarse otra vez en Irak casi tres años después de la retirada de las tropas, con ataques aéreos limitados contra blancos del Estado Islámico, es consecuencia, en parte, de la inercia sobre Siria .
Analistas dentro y fuera de la región creen que para enfrentar al EI debería crearse una coalición internacional autorizada por Naciones Unidas.

Califato en crecimiento

Bien financiado y armado, el EI fue derrotando al ejército iraquí y ahora también a las fuerzas peshmerga kurdas en el autónomo norte.
Los insurgentes capturaron grandes partes de territorio iraquí y masacraron a chiíes y miembros de las minorías cristiana y yazidi que encontraron por el camino.
Su campaña militar fue acompañada en las redes sociales por imágenes de crucifixiones, decapitaciones y otras atrocidades. Para muchos, el negocio del EI es matar infieles y lo hace mejor que cualquier otro grupo radical. (Hasta Al-Qaeda denunció al grupo como demasiado brutal).
Intercalado con imágenes de ejecuciones, el mensaje es que el Estado Islámico no solo pregona, sino también actúa sin piedad contra su catálogo de enemigos.


Usando como base territorio capturado en el norte y este de Siria -casi un 35 por ciento del país-, el Estado Islámico está atacando ahora hacia el noreste al Kurdistán iraquí e incluso hacia el oeste a través de la frontera con El Líbano.

Sus rápidos avances son posibles debido a la desintegración de Siria e Irak, la alienación de comunidades suníes dispuestas a aliarse hasta con el Estado Islámico para resistir a gobiernos que consideran dominados por chiíes, y la ira suní contra Estados Unidos y la política de Occidente en Medio Oriente.

"Si tienes decenas de miles de personas dispuestas a luchar bajo su bandera, eso, ya de por sí, dice que el sistema estatal en sí mismo está realmente casi destrozado", aseguró Fawaz Gerges, director del Centro de Oriente Medio en la prestigiosa London School of Economics (LSE).

Estados Unidos 

Obama justificó los ataques como una acción humanitaria para proteger a decenas de miles de refugiados de la minoría yazidi, amenazados con un genocidio. También dijo que eran una maniobra defensiva para frenar el avance extremista hacia Arbil, capital del gobierno regional de Kurdistán, que podría poner en peligro a diplomáticos y fuerzas especiales estadounidenses.

Pero a medida que Washington comienza a abastecer a las pobremente armadas fuerzas peshmerga que patrullan la frontera de 1.000 kilómetros contra el nuevo califato, los intereses estratégicos se ven con más claridad. Estados Unidos espera revitalizar a los peshmerga.

Estados Unidos también ha respaldado a Haidar al-Abadi, el nuevo primer ministro iraquí que reemplazará al ex aliado Nuri al-Maliki, rechazado por los iraníes que antes lo apoyaban y por la mayoría de su partido que lo considera el responsable de las políticas sectarias que ayudaron a volcar a la minoría suní de Irak al campo jihadista.
La lucha política expuso las traicioneras arenas movedizas que ahora enfrenta Obama.


Combatientes

Hisham al-Hashimi, que investiga los grupos armados en Irak y la región, dijo que el Estado Islámico encontró formas de compensar su inicial falta de combatientes, que la mayoría de los analistas calculaba en entre 10.000 y 15.000 antes de su rápido avance desde Siria a Irak.
EI podría estar bajo presión por su sorpresiva conquista de un vasto territorio, pero aprendió a utilizar el miedo como un arma estratégica. "Cuanto más aterroriza a la población de esas áreas, más tiempo se puede permanecer" en control, dijo Hashimi.

"Ahora el califato existe y está creciendo, en un ambiente donde [la opinión suní] rechaza al Gobierno central, ya sea en Irak o en Siria", agregó.

¿Epidemia social?

En Irak, el gobierno cada vez más sectario de Maliki causó la ira en la minoría suní, arrancada del poder en el 2003 por una invasión encabezada por Estados Unidos que derrocó a Saddam Hussein.
El Estado Islámico tiene buenos recursos, con voluntarios jóvenes, dinero para comprar armas y pagar salarios, además de un arsenal de armas pesadas de Estados Unidos que le arrebató al ejército iraquí en junio, cuando capturó las ciudades de Mosul y Tikrit.
Además de dinero de simpatizantes en el Golfo Pérsico y de decenas de millones recaudados mediante el robo, la extorsión y el secuestro, el Estado Islámico tiene petróleo.
"En el este de Siria, el Estado Islámico controla 50 de los 52 yacimientos, mientras que en el norte y noroeste de Irak hay ahora 20 pozos bajo su control", explicó Hashimi.

El nuevo califato declarado por su líder iraquí Abu Bakr al-Baghdadi llena el vacío de estados que están implosionando y, a diferencia de Al-Qaeda, está estableciendo una base social real, dijo Gerges, director del Centro de Oriente Medio en LSE.

"La red Al-Qaeda de Osama Ben Laden era un movimiento sin fronteras y transnacional que nunca pudo hallar una base social. La razón para tomar al Estado Islámico en serio es que son como una epidemia social, alimentándose de tensiones sectarias y las fallas sociales e ideológicas en las sociedades árabes", detalló.
"El fenómeno del Estado Islámico es una manifestación del debilitamiento y el desmantelamiento del Estado árabe como lo conocemos", agregó.


Niños y jóvenes

Imágenes de video que muestran largas filas de hombres jóvenes esperando fuera de las oficinas de reclutamiento del Estado Islámico en ciudades de Siria e Irak demuestran su popularidad.

Un sirio que vive en el área que controla el Estado Islámico cerca de Raqqa, base de poder del movimiento en Siria, dijo que el grupo había decapitado personas, exigido un impuesto "jizya" a quienes no pertenecen a la religión musulmana e instalado a combatientes extranjeros en casas confiscadas a minorías y a ex funcionarios.

Para jóvenes desempleados, los salarios ofrecidos por el Estado Islámico son de las pocas fuentes de ingresos.

El movimiento parece interesado en sembrar sus ideales entre la juventud: un video distribuido por el Estado Islámico muestra a un predicador llamado Abdallah al-Belgiki -"El Belga"-, quien asegura haber viajado desde Bélgica en compañía de su hijo pequeño.

Con la bandera negra de los jihadistas de fondo, le pregunta al niño, de unos ocho años, si le gustaría ir a casa. "No", responde. "Quiero quedarme en el Estado Islámico (...) quiero ser un jihadi para luchar contra los infieles y contra los infieles de Europa".

En un campo de entrenamiento del Estado Islámico para niños, uno de los combatientes le dice a la cámara: "Esta generación de niños es la generación que combatirá a los estadounidenses y a sus aliados, a los apóstatas y a los infieles".
"La verdadera ideología", afirma, "ha sido plantada en estos niños".

Fuente:  LaNación

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