domingo, 13 de julio de 2014

CV de Abu Bakr Al Bagdadi aka Califa Ibrahim



Predica con reloj de seis mil dólares y en su infancia era un "Messi".

«Era nuestro Messi», dicen sus camaradas de juventud del equipo de la mezquita del barrio. La punteaba con delicadeza, bailaba con ella, mimaba la pelota, exactamente al revés de lo que ordenaría hacer, años después, a los «infieles». Antes de auto proclamarse «líder de todos los musulmanes» y exigir pleitesía al mismo capo de Al Qaeda el credo de Awwad Ibrahim Ali al-Badri al-Samarrai -usted puede llamarle Abu Bakr Bagdadi (el bagdadí) o desde hace poco, califa Ibrahim- era el del balón.

Dos pinceles chamuscados cubren lo que pretende ser una mirada malévola e inquisidora, y que resulta una parodia de la inexpresión. Salvo ese matorral pardo que se suicida desde la comisura de sus labios, su aspecto es tan corriente que hubiese pasado inadvertido de cruzárselo al ir a por el periódico. Algo así le ocurrió a EEUU, que cuando lo cazó en Diyala siendo un imán provinciano con ínfulas de matón de barrio, no lo consideró peligroso. Según el medio Daily Beast, lo soltaron en 2009; según el Departamento de Defensa, sólo pasó en cautividad unos meses de 2004.

Así que la CIA pasó de enfundarlo en un mono naranja destino isla de Cuba a soltarlo sin sospechas para ofrecer por su cabeza, a los pocos años, 10 millones de dólares. Tal ha sido el supersónico ascenso de quien se ha auto proclamado consanguíneo de Mahoma y líder de todos los musulmanes sin excepción -la excepción está siendo pasada por el cuchillo- con el nombre de califa Ibrahim. Lo hizo una vez más la semana pasada desde un púlpito de Mosul, la segunda ciudad de Irak en un sermón de viernes insulso de telepredicador late night de TDT.

Deténgase un instante para contemplar ese retablo que el líder del Estado Islámico conforma frente a la cámara durante su pregón en la mezquita. Obvie el ventilador, que asoma por su espalda como un girasol, y que deja fresquito al califa mientras condena a sus fieles al soponcio de las horas de más hambre del Ramadán. Mire qué perlas impolutas exhibe su dentadura. Atento al reloj que asoma bajo el mangote. Según los doctos, un Omega seamaster Aqua Terra de 5.000 euros.

Bagdadi nació en 1971 en Samarra. La ciudad, a unos 100 kilómetros al norte de Bagdad, fue una de las capitales del califato abasida durante la era de oro del islam. Tenía la inspiración puerta con puerta. Allí pasó su niñez hasta que se mudó a Bagdad para estudiar. Recaló, a los 18 años, en Tobchi, un barrio tosco y desvencijado, habitado por suníes y chiíes. Ocupó una habitación adosada a la mezquita a la que entregaría su devoción primeriza. Mientras tanto, completó un máster y un doctorado en estudios islámicos en la Universidad de Ciencias Islámicas de la ciudad iraquí.

Para aquél entonces, aún, nada de sermones acartonados. Sólo sustituciones temporales del predicador dirigiendo los rezos. «Era una persona muy educada y calmada», explican de él quienes lo conocieron en aquella época. Retraído, aunque ya apuntaba maneras. Un día, pasó por delante de una casa que celebraba una boda. Con hombres y mujeres bailando juntos en el mismo salón. «¡¿Cómo puede estar ocurriendo esto?! ¡Es anti religioso!», escopeteó iracundo el joven Bagdadi. Y les obligó a apagar la música.
Acabada su etapa académica, y estrenando milenio, se centró en el estudio de la charía, la ley religiosa. También contrajo matrimonio y engendró-entendemos- al que será heredero del flamante califato, quien ahora tendrá unos 11 años. De esta manera se entregó a unos años de vida familiar. De una monotonía rota por la invasión militar de la coalición de las Azores de 2003.

Pero aquello que contribuyó definitivamente a que Bagdadi se echara al monte no fue la Operación Libertad Iraquí, sino una pelea con su casero, el amo de la mezquita. El dueño quiso enrolarlo en un partido islamista. Puesto que, según la interpretación extremista del futuro califa, los partidos políticos son pecaminosos, rechazó la oferta. Aquello derivó en una discusión que desembocó en el ostracismo de Abu Bakr. En Tobchi todos los vecinos compartían clan con el arrendador, quien ahora vive en el extranjero. «Teme volver a Irak por si Bagdadi busca venganza», desvela un testigo de aquellos años.

Exiliado de la capital del país, ejerciendo de imán y vinculado, según informes de las fuerzas de seguridad de EEUU, a casos de tortura y «ejecución pública de civiles en plazas públicas», acabó en la penitenciaría. En palabras del coronel Kenneth King al Daily Beast, «era un tipo malo, pero no lo peor de lo peor». Por eso se salvó de Guantánamo. Rematando su despedida de la jaula de Bucca con un «nos veremos en Nueva York». Lo soltó azuzado por el bagaje yihadista adquirido gracias a compañeros de barrotes. Eran gente de Al Qaeda en Irak (AQI), la ultra violenta rama encabezada por el sanguinolento Abu Musav Zarqawhi. A ellos se unió un Bagdadi que optó por mantener un perfil bajo.

Una elección inesperada

En 2006 un bombardeo estadounidense aplastó a Zarqawi. En 2010 Abu Omar Bagdadi, su sucesor, también era pulverizado por las bombas del tío Sam. Con AQI en cuadro, y contra todo pronóstico, nueve de 11 miembros del consejo de Shura -una asamblea religiosa consultiva-votaron, en la provincia de Nineve, a favor de la elección del desconocido Abu Bakr como nuevo líder de AQI, que al poco rebautizó la organización como Estado Islámico de Irak (ISI).

En 2012 pasó a la acción. Primero, Bagdadi impulsó en Siria el grupo armado Frente Nusra, que daría para un best seller del marketing: guerreros avezados en el combate, que reconstruyen infraestructuras destruidas por la artillería del régimen, que reparten comida gratis y que son píamente incorruptibles. Tuvieron tanto tirón entre la disidencia que Turquía objetó cuando Barack Obama los incluyó en su lista de grupos terroristas. Mientras tanto, en Irak, el ISI hizo botín y engrosó sus filas a costa de reventar cárceles y extorsionar negocios. La creciente furia social contra el sectarismo del primer ministro Nuri Maliki permitió al ISI comulgar con otras guerrillas y tribus suníes hastiadas.

El éxito de Bagdadi pilló con el pie cambiado a la máxima autoridad de Al Qaeda, el lugarteniente de Osama Bin Laden, Aymen Zawahiri. En abril de 2013, el líder del ISI, que ya había enviado efectivos propios a Siria, anunció la conversión del ISI en Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS) y la asimilación en él del Frente Nusra, algo a lo que el cabecilla del Frente Nusra, Abu Mohamed Golani, se negó. La mediación de Zawahiri acabó con el líder de Al Qaeda siendo desautorizado por Bagdadi, quien rechazó ceñir su actividad sangrienta a Irak y dejar al Frente Nusra actuar de forma independiente en Siria tal y como le pedía el terrorista egipcio.

Más extremista que Al Qaeda

El litigio entró en barrena el febrero pasado, con el ISIS enfrentado a tiros en el norte sirio con un amasijo de milicianos de todo pelaje, incluso aliados objetivos, que también acababan siendo tachados de falsos creyentes. Para Bagdadi y los suyos, hasta el salafista más radical y sanguinario era un infiel si no iba con su equipo. Al enemigo, cabeza cortada y clavada en una pica. La Coalición Nacional Siria, principal organismo disidente exiliado, denuncia que juegan tan sucio que boicotean su causa. Les acusan de contubernio con Asad por venderle petróleo de los pozos confiscados en la zona norteña. A cambio, aseguran, Damasco no bombardea sus enclaves estratégicos.

El hartazgo de Zawahiri ante el panorama fue tal que, temeroso de la mala propaganda que le hacía el ISIS en su intento de ganarse el cariño de los civiles sirios como parte de su lucha contra Asad, se descargó públicamente de toda responsabilidad para con las futuras acciones del ISIS. En otras palabras, Bagdadi es tan encarnizado que, a su lado, Al Qaeda parece moderada. Frente al yihadismo tradicional, de bomba y proclama a favor de los desfavorecidos de Oriente Medio, Bagdadi se muestra silencioso y calculador. Planifica sus acciones con escuadra y cartabón y mide los riesgos usando nonius.

Se cree que su mano derecha, el oscuro Haji Bakr, un ex alto mando de la inteligencia del derrocado régimen baazista de Sadam Husein, tiene algo que ver con el espectacular irrumpir del rebautizado este mes como Estado Islámico (IS). La red de alianzas con otras brigadas iraquíes suníes que ha forjado Haji Bakr les ha permitido minar al ejército de Maliki con golpes fugaces y demoledores. Una ideología supremacista, dinero a espuertas y un proyecto tangible. Con estos tres ingredientes, el califa Ibrahim ha cocinado lo que jamás alcanzó a olisquear Osama Bin Laden cuando diseñó la masacre del 11S: convertir un enjambre de fanáticos peligrosos en un protoestado de fanáticos peligrosos.

Fuente: ElMundo

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Qué piensas de esto? Tus comentarios pueden ser anónimos o no, y serán muy agradecidos, por más corto que sean. Sé respetuoso.