domingo, 1 de junio de 2014

ARREPENTIMIENTO VERDADERO


Por Marcos Andrés Nehoda
 
El Arrepentimiento Verdadero conlleva o incluye lo siguiente:

1. Convicción.

Reconocimiento del pecado, certeza por haber pecado, seguridad de haber obrado mal. Una persona con convicción de pecado no pretende justificar nada de lo que hizo, ni pretende que el tiempo borre una mala acción.

2. Contrición.

Esto significa dolor, real dolor por haber hecho lo malo, por haber pecado. Una persona que experimenta contrición, dolor por su pecado, que siente que se le comprime el corazón por la angustia de haber ofendido a Dios, que no puede conciliar el sueño, se guarda muy bien de hablar descomedidamente de otros, porque está muy ocupado y preocupado con su propio pecado.

3. Conversión.

Una persona realmente arrepentida no continuará más cometiendo ese mismo pecado del cual manifiesta haberse arrepentido. Su vida, sus frutos, demostrarán si hubo un verdadero arrepentimiento en su ser.

4. Confesión.

Si de verdad se arrepintió, entonces confesará su pecado a Dios y confesará su pecado al ofendido o al perjudicado y, si es una persona pública, lo confesará ante su propio auditorio. No hay disciplina secreta ni auto disciplina oculta ni arrepentimiento secreto. Si afectó a terceros, a terceros debe confesar su pecado, su error.

5. Restitución.

Si su pecado consistió en robar, enriquecerse, en escalar posiciones a costa del prójimo, debe hacer restitución de lo robado. No puede ser que un ladrón de bancos se haya construido un palacio y luego manifiesta haberse arrepentido de sus robos y hurtos… y se quede con el palacio. Debe devolverlo a quien lo robó, aunque esto signifique quedarse en la calle… si de verdad está arrepentido. Realmente, el arrepentimiento verdadero y valiente es mucho más valioso y mucho más preferible que pasar la eternidad en el Lago de Fuego.“Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí”. (Salmos 51.3). “Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano”. (Salmos 32.3-4).

“Y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo…” (Lucas 19.8).

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