viernes, 28 de junio de 2013

“LAS SAGRADAS ESCRITURAS” NUESTRA ÚNICA REVELACIÓN


Los judíos han fundamentados y sostenido su identidad en la fidelidad al “Tenach” que es la recopilación de lo que para nosotros el Antiguo Testamento, y que lo dividían en:
  • 1º- La Torá que contiene el Pentateuco o los cinco libros de Moisés.
  • 2º- El Nervin que contiene a los libros proféticos.
  • 3º- El Cetuvin que contiene los libros poéticos, entre ellos los Salmos o cánticos.
Este “Tenach” o Antiguo Testamento, forma parte de nuestra Biblia y también en él se fundamenta gran parte del libro sagrado de los Islámicos “El Corán”.

La Biblia para los cristianos es el fundamento de fe, y se complementa con la revelación y enseñanza de Jesucristo y la doctrina de los apóstoles (Hechos 2:42).  Estas dos parte forman el Canon[1] Bíblico que general nuestras bases de fe. Así que como Cristianos fundamentamos y proclamamos que la Biblia es la única regla de fe como lo expresa San Pablo al declarar: “Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos y al Israel de Dio” Gálatas 6:16. Tanto  para la Iglesia cristiana como para los judíos, la única regla de fe es la Palabra Revelada, y aun los Islámicos fundamentan todas sus reglas en las enseñanzas  del Corán a la cual se apegan rígidamente. Estas tres religiones son las únicas monoteístas[2].

Con la reforma iniciada por Martín Lutero (1517) y después de un periodo de oscurantismo bíblico, sale a la luz pública la Biblia en versión popular, accesible a todos los ciudadanos alemanes, siendo el punto de partida para el inicio de la llamada “reforma protestante” que sacudió el dominio del papado romano sobre la política europea. A partir de ese momento, y con el invento de la imprenta se imprimió la llamada Biblia de Gutemberg siendo el primer libro impreso y además, fue el más perfecto. Su imagen no difiere en absoluto de un manuscrito. Todos los movimientos protestantes proclamaron que la única norma de fe para los cristianos estaban en las Sagradas Escrituras. Como principio elemental aparecen las primeras reglas de fe del protestantismo que rompían con la doctrina Católica Romana, y se fundamentaba en los tres solos:
  1. -Solo la Biblia es la única regla de fe.
  2. -Solo la fe nos salva, no por obras para que nadie se glorié.
  3. -Solo Jesús nos salva, y no hay salvación en otro nombre.
Nuestra Biblia es el punto de partida y fundamento de nuestra fé. Con ella componemos la teología sistemática que apoya nuestras creencias en los principios fundamentales de la doctrina evangélica mediante una serie de textos que se interpretan a si mismo. Para no errar en ello debemos seguir algunas reglas hermenéuticas. Quizás la principal de todas sea la que establece el principio por lo cual de un texto aislado no podemos formar una doctrina, ya que esta tienen que estar apoyado por otras citas dentro del sentido exegético del mismo.

Hay que entender que las Escrituras forjan nuestra forma de juzgar todo aquello que se enseña y cuando una enseñanza rompa este principio, debemos rechazarlo. Para entender mejor esta idea os pondré ejemplo común. Todos los países democráticos, y aun aquellos radicales, como los islámicos, fundamentan su vivencia social en una “constitución”[3] que regula el quehacer ciudadano. El poder ejecutivo o legislativo pueden emitir leyes o decretos nuevo, pero estos jamás pueden ir contra la constitución, porque en tal caso, tales normas quedaran anuladas, ya que las leyes secundarias (decretos) están sujetas a la ley primaria que es la constitución. Aplicado este principio a la fe cristina, ninguna verdad, enseñanza o revelación tendrá valor si la misma choca o atenta contra las enseñanzas de las Sagradas Escrituras. Así lo proclama San Pablo: “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema” Gálatas 1:8. Incluso nadie puede alterar, añadir o manipular fuera del contexto lo que está escrito y rebelado: “Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro” Apocalipsis 22:19. El mismo Jesús estableció que la Palabra Revelada en el Canon Bíblico es eterna: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” Lucas 21:33.

En la influencia extraña que entran en la teología bíblica cristianas existen dos posibles acciones que contamina la sana doctrina y sirven para que el diablo infiltre espíritus engañadores son estos los anatemas y las herejías. Vamos a analizar ambas expresiones:
Según el texto de Gálatas 1:8 la expresión “anatema” esta ligada a una revelación falsa dada por un ángel que proclama algo contrario a la Palabra escrita. El término “ANATEMA” procede del griego y aunque la Iglesia católica lo uso como expresión de excomunión (acción y efecto de excomulgar) su sentido correcto seria ser maldito o maldición, debido a que traer una verdad contraria a la revelada.  Actualmente muchos falsos profetas o apóstoles modernos usan esta forma de “revelación nueva” para pervertir la verdad fundamental dando un mensaje propio, que carece de bases bíblicas o lógicas para explotar o pervertir el evangelio de Jesucristo.

Por otro lado debemos expresar que La herejía surge como producto de un juicio erróneo de la inteligencia sobre las verdades de fe definidas en la doctrina, o sea, una manipulación errada del contenido bíblico que produce un efecto adulterador como anuncia 2 Corintios. 4:2 “Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios”. La herejía atenta contra la fe y contra la verdad bíblica, distorsionándola en parte, y se diferencia de la apostasía en que el hereje no  rechaza totalmente la fe cristiana, sino que la adultera o distorsiona, mientras que el apostata rechaza absolutamente lo que antes había creído y niega todo lo que es  fundamental de la revelación divina.                                                                                         Existe la creencia en algunos países que se apostata de la fe cuando se abandona la iglesia a la cual se pertenece por razón de no estar de acuerdo con la doctrina o forma de ser de la misma. Dentro del derecho Canónigo la Iglesia Católica considera que “apostasía es el único medio al que la Iglesia católica reconoce validez para que una persona bautizada pueda dejar de pertenecer a ella de forma voluntaria, ya que el apartamiento de la práctica en ausencia de una manifestación formal de rechazo de la fe no comportaría para la Iglesia ninguna situación especial, y por otro lado la expulsión del seno de la Iglesia por parte de las autoridades religiosas pertinentes sin ser solicitada por el interesado no constituye apostasía, sino excomunión”[4]. Tenemos el caso especifico de España en que la ley prevé que los católicos pueden pedirle a la Iglesia Católica que les declaré “apostata” para que les elimine de su listado, lo tal acción los lleva a renegar del bautismo[5].

Sin embargo el apostata no necesariamente abandona toda creencia, pues en muchas cosos la adultera para diluirlas y pervertir el evangelio, desviando a los creyentes del camino verdadero hacia caminos de error, negando lo que antes proclamaba, un ejemplo de ello lo tenemos en el fundador de la secta “Creciendo en Gracia” José Luis de Jesús Miranda, que se proclama Jesucristo hombre y a la vez anticristo, después de haber sido pastor y conocido la verdad.

Fuente: Contralaapostasia

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