jueves, 1 de agosto de 2013

¡LA PESADA CARGA DEL PECADO!


Un Mensaje de Advertencia y Esperanza Para Cristianos que Luchan con Pecados Ocultos


Tu conoces la historia del rey David - cómo él cometió adulterio con Betsabé y luego secretamente hizo los arreglos para la muerte de su marido. Luego, después de que el profeta Natán expuso el pecado de David frente a su rostro, el quebrantado rey se arrepintió de su horrible maldad. Luego escribió cuatro salmos que expresan la aflicción y el terror que él había estado sintiendo como resultado de su pecado.

Los angustiados lamentos del corazón de David los encontramos en los Salmos 6, 31 y 52, así como en el Salmo 38 que es en el que yo quiero enfocarme en este mensaje. En cada uno de estos salmos, David estaba mirando atrás, rememorando el tormento que él experimentó durante este periodo de oscuridad en su vida. En el Salmo 38 en particular, él describe el aplastante golpear de su adolorida conciencia: " Porque tus saetas cayeron sobre mí, Y sobre mí ha descendido tu mano" (Salmo 38:2).

Lo cierto era que David debió vivir la vergüenza causada por su pecado. Su terrible caída se volvió de conocimiento público rápidamente y la nación entera empezó a hablar de ello. ¡Todas las personas - incluso los supuestos amigos de David - estaban diciendo, "Cómo ha caído el poderoso! David está acabado. ¡Todo su poder, influencia y dignidad eran falsas y están en ruinas!"

Incluso los enemigos de Israel se gozaron por la caída de David. Natán le señaló,"… con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová..." (2 Samuel 12:14). Estas palabras probablemente lastimaron a David más que todo. ¡Él había traído reproche sobre el precioso nombre del Señor!
Muchos estudiosos de la Biblia creen que durante este periodo - cuando David era moral y espiritualmente débil - fue que su hijo Absalón planificó usurpar el reino. David incluso puede haber oído hablar a cerca del complot. De hecho, yo creo que él tenía a Absalón en mente cuando escribió:

"Mis amigos y mis compañeros se mantienen lejos de mi plaga, Y mis cercanos se han alejado. Los que buscan mi vida arman lazos, Y los que procuran mi mal hablan iniquidades, Y meditan fraudes todo el día" (Salmo 38:11-12).

Obviamente, David sabía que algún engaño se estaba tramando. Pero ¿Por, por qué no habló sobre eso? ¿Por qué no señaló los malévolos planes que estaban trazando los malhechores? ¡Era por causa de la pesada carga de su propio pecado oculto!

Los proverbios nos dicen, "Él que encubre su pecado no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia " (Proverbios 28:13). La frase "no prosperará" aquí no se refiere a prosperidad material; más bien, se refiere a salud física, estado emocional y bienestar espiritual. La palabra de Dios está diciendo que a cualquiera que encubre su iniquidad se le suspenderá toda la prosperidad espiritual. ¡Y la vida de David así lo demuestra!

Durante todo un año David llevó la terrible carga de su adulterio y asesinato. Sólo su general, Joab, sabía sobre esto. Entonces Natán se enteró a través de una revelación del Señor. ¡Pero todo el periodo hasta que su pecado fue expuesto, fue un tiempo horrible y espantoso para David!

Parte del terror de David puede haber sido por que él nunca le dijo la verdad a Betsabé de cómo su marido, Urías, había muerto. Probablemente David pudo mantenerla alejada de la verdad, pero de todos modos Betsabé pudo haber sospechado que David tuvo que ver con la muerte de Urías, – simplemente porque ella veía las emociones de su nuevo marido en un estado turbulento diariamente.

Cuán ciertas son las palabras de Moisés; "... sabed que vuestro pecado os alcanzará." (Números 32:23). Ahora, cuando David escribió el Salmo 38, su pecado ya había sido descubierto, sin dejar nada oculto. Y él comenzó a contar el terrible costo de su necia elección: "Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; Como carga pesada se han agravado sobre mí." (Salmo 38:4).

En el momento que Natán confrontó a David, éste atormentado hombre había alcanzado el extremo de su cuerda. Él había sido aplastado por la carga de su pecado secreto, y no tenía fuerza para seguir adelante. Él lloró y clamó, "Miren todo lo que mi pecado ha causado a mi cuerpo físico, mi familia, mi país. Esto es demasiado pesado para soportarlo. ¡Yo ya no puedo vivir bajo esta horrible carga!"

Amado, para un creyente no hay carga mayor que el peso de un pecado oculto no confesado. ¡Moisés describió el pecado como un proveedor de deleites temporales! (vea hebreos 11:25) – pero algo temporal es breve! Podría ser una sola noche de placer prohibido, unas horas de oscura indulgencia, o simplemente un alto momentáneo. Sin embargo, siempre después viene una pesadez agobiante.
David vivió durante un año entero bajo tal pesadez. Él constantemente temía la mano castigadora de Dios y el vivir bajo esa presión lo fue enfermando. Su pecado oculto le pasó la cuenta a su cuerpo, posiblemente se llenó de ulceras, como creen algunos estudiosos de la Biblia.

Por supuesto que no toda enfermedad es el resultado de pecados no confesados; el ejemplo de Job demuestra eso. Sin embargo, tan ciertamente como participar en la cena de Señor indignamente puede llevar a la enfermedad o incluso a la muerte, en secreto, así el pecado oculto puede causar serias y a veces fatales enfermedades.

¿Pero, Dios siguió amando a David a través de todo esto? Sí, Dios lo hizo. ¿Pero estaba Dios enfadado con él debido a su pecado? Por supuesto lo estaba. ¿Y castigó a David durante el año que él ocultó su iniquidad? Sí - absolutamente.
¿Ahora permítame preguntarle: ama Dios a su pueblo hoy? Sí, sin duda. ¿Todavía nuestros pecados ocultos hacen enfadar al Señor? Por supuesto. ¿Y Dios nos castiga por encubrir nuestros pecados? ¡Sí - indudablemente!

Desde los días de David hasta los nuestros, el pecado siempre ha traído las mismas terribles consecuencias sobre el pueblo de Dios. Considere esta lista de trastornos emocionales y físicos causados por el pecado oculto:
1. "Nada hay sano en mi carne..." (Salmo 38:3). ¡El hebreo aquí sugiere, "Mi mente y mi cuerpo son consumidos por un temor al enojo de Dios conmigo!"

David estaba diciendo, "yo me despierto cada mañana sabiendo que tengo pecado escondido en mi corazón. Y esto es como un cáncer en mi alma. Una nube oscura de malos presagios está siempre sobre mí." Del miso modo, si tu tienes un pecado oculto, encubierto, tu espíritu antes alegre, se irá de ti. ¡Tú nunca te despertarás en paz!

2. "... Ni hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado " (mismo verso). La palabra "huesos" aquí puede traducirse como "cuerpo." David estaba diciendo: "No hay salud ahora en mi cuerpo. ¡Mi pecado ha afectado mi bienestar físico!"

En los tres otros salmos penitenciales, David se refiere también a los huesos:
"Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada..." (6:2-3). "Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día" (32:3). "Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido" (51:8). En pocas palabras, entre más tiempo David ocultó su pecado, más débil se volvió su cuerpo.

3. "Porque mis lomos están llenos de ardor, y nada hay sano en mi carne" (Salmo 38:7). La palabra "lomos" entre los hebreos era "mi fuerza, mi confianza." Y "ardor" aquí significa "encogimiento, desecación." Como David perdió su fuerza y confianza en el Señor, disminuyó también su salud física.
4. " Hieden y supuran mis llagas, a causa de mi locura" (verso 5). David estaba diciendo, "Cuando el pecado consiguió dominio sobre mí y yo pequé alocadamente, un hedor moral me hirió. ¡Mi iniquidad se conocida al mundo - y huele mal como una llaga podrida!"

David no se lamentaba porque su propio nombre fue ensuciado. Él se lamentaba porque su nombre siempre había sido asociado con el Señor - y ahora él había traído reproche sobre el nombre de Dios. Él estaba diciendo, "Mi nombre una vez simbolizaba algo. Cuando las personas lo oían, ellos honraban al Señor. ¡Pero ahora mi pecado me ha hecho canción de borrachos!"

5. "Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, ando enlutado todo el día" (verso 6). La palabra hebrea para "encorvado " aquí es "una pesada y oscura tristeza." David estaba viviendo bajo una nube oscura de desesperación. Él estaba diciendo, "Mis hombros literalmente cayeron por la carga de culpa que llevo. ¡Yo paso todo el día sin paz en absoluto!"

6. "Estoy debilitado y molido en gran manera; gimo a causa de la conmoción de mi corazón " (verso 8). Habla de gemidos que no pueden pronunciarse; David estaba diciendo, "yo gimo y lamento porque hay un bramido constante en mi corazón."
¿Qué era este bramido en el alma de David? ¡Era un gemido por una paz perdida! El pecado le había robado su libertad. Él había perdido todo su reposo en Dios, así como todo el favor de Dios y sus bendiciones.

7. " ... Y aun la luz de mis ojos me falta ya" (verso 10). El pecado de David también lo costó su discernimiento espiritual. Una cosa es perder su bienestar emocional, su salud física, su reputación. ¡Pero lo peor de todo es perder la luz de la verdad - la revelación de Cristo!
Con cada declaración que David hace en este salmo, su carga de pecado se hace más y más pesada. Él está mirando hacia atrás, describiendo la pesadez de su alma - y nos está advirtiendo: "Tu no debes tomar el camino que yo escogí. Me debilité y me quebranté debido a mi pecado. ¡Yo perdí el precioso favor de Dios!"

Hace varios años, en una conferencia de arrepentimiento celebrada por nuestro ministerio, un evangelista muy conocido de años anteriores asistió. A lo largo de sus décadas de ministerio, este hombre había albergado un pecado secreto de homosexualidad.

Él tenía casi setenta años en el momento. Yo nunca me lo había encontrado, hasta la conferencia. El hombre me extendió su mano - y cuando yo la tomé para saludarlo, fue como sentir un pez muerto. Yo pude ver sus ojos - y él parecía como un hombre muerto. Él no tenía absolutamente nada de vida. Toda su luz se había ido - debido a la carga emocional de su pecado oculto. ¡Y la luz representa discernimiento!
Como David había perdido su luz espiritual, también perdió su habilidad de reprobar a los pecadores. Su lengua fue silenciada debido a su propio pecado: "Mas yo, como si fuera sordo, no oigo; Y soy como mudo que no abre la boca. Soy, pues, como un hombre que no oye, y en cuya boca no hay reprensiones." (Salmo 38:13,14).

El apóstol Pablo mandó a Timoteo," ...redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina" (2 Timoteo 4:2). Sin embargo, la persona que encubre su pecado escucha una palabra distinta que truena en su alma: "Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios? Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros" (Romanos 2:23-24).
¿En otras palabras: "Te atreves a enseñar a otros cómo vivir, cuándo tú tienes un pecado oculto en tu propia vida? ¡Tú estás blasfemando el nombre de Dios!"

La carga que David llevó durante un año entero lo costó caro. Quebrantó su salud, atormentó su mente e hirió su espíritu. Hizo estragos en su casa, desilusionó al pueblo de Dios, fue la burla de los impíos. Finalmente, él clamó, " Pero yo estoy a punto de caer, y mi dolor está delante de mí continuamente " (Salmo 38:17). La palabra hebrea para "caer" aquí toma énfasis ¡Él estaba diciendo, "yo estoy a punto de caer de esta pesada carga de dolor!"
Ahora, algunos cristianos podrían mirar a David en su época de confusión y turbulencia y podrían pensar, "Que tragedia pudo traer Satanás sobre David. ¿Cómo pudo el una-vez delicado salmista, llegar al borde de una caída? Dios debe haber estado muy enfadado con él."

¡No! No fue el diablo quien hizo el pecado de David tan pesado – fue Dios! En su gran misericordia, Dios le permitió a este hombre hundiera hasta el fondo, porque quería que él viera la excesiva pecaminosidad de su pecado. ¡Él le hizo a David su pecado no confesado tan pesado, que ya no podía soportarlo - y así fue conducido al arrepentimiento!

La verdad es que sólo un hombre justo como David podría ser tan fuertemente afectado por su pecado. Tú ves que su conciencia aún permanecía blanda – y él sentía los agudos dolores de cada flecha de convicción que Dios clavó en su corazón. Es por esto que David podía decir; "... mi dolor está delante de mí continuamente" (mismo verso).

¡Y ése es el secreto de toda esta historia: David tenía un dolor piadoso! Él mantuvo un temor profundo y precioso de Dios. Él podía admitir, "yo veo la mano disciplinadota del Señor en esto, presionándome a humillarme, arrodillarme. Y yo reconozco que mi pecado merece su ira. ¡Todas estas terribles consecuencias de mi pecado oculto han sido traídas por mi padre celestial!"

El escritor de Lamentaciones dice, "Yo soy el hombre que ha visto aflicción bajo el látigo de su enojo. Me guió y me llevó en tinieblas, y no en luz…quebrantó mis huesos; Edificó baluartes contra mí…Me dejó en oscuridad, como los ya muertos de mucho tiempo. Me cercó por todos lados, y no puedo salir; ha hecho más pesadas mis cadenas…Cercó mis caminos con piedra labrada, torció mis senderos" (Lamentaciones 3:1-9).
El punto del escritor está claro: Cuando nosotros vivimos con pecado oculto, Dios mismo hace pesadas nuestras cadenas, caóticas y espantosas, a tal punto que nos vemos forzados a la confesión y el arrepentimiento profundo.

Considera el ejemplo de David: Él cometió adulterio. Él arregló que un fiel soldado fuera asesinado para poder reclamar a su joven esposa (y David ya tenía cinco esposas en su casa). Él escondió esta horrible oscuridad por un año entero y llegó al borde de ruina total. Él trajo vergüenza a Israel y al nombre de su padre celestial.

Sin embargo, después de todo esto Dios llamó a David "un hombre conforme a su corazón." ¿Cómo podría ser esto? El secreto se revela en este verso: " Por tanto, confesaré mi maldad, Y me contristaré por mi pecado" (Salmo 38:18). ¡Justo antes que David estuviera a punto de caer, él se humilló y se arrepintió! Él clamó; "¡Señor, yo he tenido bastante! Yo no puedo llevar más esta carga. Es demasiado pesada para mí. Me arrepiento - yo confieso mi pecado. ¡Por favor, Dios, no me abandones!"

"Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio... yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí... Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y no quites de mí tu santo Espíritu" (51:4, 3, 10, 11).
¡El Señor abrió cada lugar oculto en la vida de David - para conducirlo a un total y completo arrepentimiento!

Yo quiero hablar ahora al cristiano que está en un peligro mucho mayor del que David alguna vez estuvo, aún en su condición más baja. Éste es el creyente que no puede relacionarse en absoluto con el Salmo 38. ¡Él no conoce nada del dolor por la iniquidad, el pesar por el pecado, las flechas hiriendo la conciencia - porque en su corazón se ha encostrado de dureza!
Este cristiano no tiene un real temor del Señor. Él puede pecar sin remordimiento. Nada puede perforar las paredes de su corazón blindado. Él toma su pecado a la ligera y lo llama "sólo un pequeño problema en mi vida." ¡Semejante cristiano está en el peligro de ser entregado a un corazón duro - totalmente engañado por su pecado!

No hace mucho, una mujer cristiana muy honesta escribió a nuestro ministerio:
"¡Yo estoy asustada! he servido al Señor durante varios años, pero en los últimos años me he deslizado y me he puesto fría hacia Dios. Ya no tengo carga para las almas perdidas, ni urgencia por orar o leer la Biblia. Una oscuridad espiritual está cubriéndome. Pero lo que más me asusta es que no me preocupa lo que está pasándome. ¡Tengo miedo de que no tengo miedo!"

¿Cuántos miles de cristianos ya no se afligen por su pecado? Multitudes hoy excusan sus hábitos pensando, "es justo una simple debilidad humana. Yo puedo permitirme este único un vicio."
¡No - nunca! El profeta Ezequiel nos da una vívida ilustración de lo que le pasa a la gente que toma su pecado ligeramente. En este sentido, los setenta ancianos de Judá vinieron a Ezequiel para recibir una palabra del Señor. Todos estos hombres estaban en el servicio del templo, y cuando ellos se reunieron con el profeta para adorar, Ezequiel recibió una visión asombrosa:

"…estaba yo sentado en mi casa, y los ancianos de Judá estaban sentados delante de mí, y allí se posó sobre mí la mano de Jehová el Señor. Y miré, y he aquí una figura que parecía de hombre; desde sus lomos para abajo, fuego; y desde sus lomos para arriba parecía resplandor, el aspecto de bronce refulgente."
"Y aquella figura extendió la mano, y me tomó por las guedejas de mi cabeza; y el Espíritu me alzó entre el cielo y la tierra, y me llevó en visiones de Dios a Jerusalén…" (Ezequiel 8:1-3).

El Espíritu Santo cayó sobre esta reunión, y el santo fuego de Dios iluminó todo el lugar: "Y he aquí, allí estaba la gloria del Dios de Israel…" (verso 4).

Ahora, nosotros sabemos que siempre que el fuego de Dios se manifiesta en una reunión, el pecado siempre es expuesto. De hecho, observa cómo Ezequiel fue impactado por la gloria del Señor: en esta visión, Dios lo levantó sobre el templo, suspendiéndolo por encima de todo, y él abrió los ojos de Ezequiel a los secretos de los corazones de los setenta ancianos.

De pronto, el profeta vio que las mentes de estos hombres estaban llenas de "toda forma de reptiles y bestias abominables…" (verso 10). Él está describiendo fuerzas demoníacas, seres diabólicos. Y éstos se habían infiltrado a la casa de Dios a través del ministerio!
Sin embargo, allí estaban los setenta ancianos, calmados y plácidos. Ellos parecían adoradores buscando la guía del Señor, mostrando respeto por el ministerio profético de Ezequiel. Pero en realidad, ellos estaban encubriendo un secreto, pecado oculto!

Si te fijas, estos hombres habían estado realizando prácticas externas de adoración en el ministerio del templo – sacrificando corderos, lavando sus manos y entrando al lugar santo. Sin embargo, en realidad ellos pertenecen a una sociedad secreta de adoradores del sol. Ellos emplean a prostitutas en el templo para llorar a Tamuz, dios de la fertilidad. Y como parte del ritual de adoración, estos ancianos supuestamente piadosos participan en hechos de fornicación.

Lo peor de todo es que estos hombres no tenían convicción de su horrible idolatría. Ahora, la ardiente presencia de Dios llenaba la habitación y ellos estaban cómodamente sentados. Incapaces de oír o ver nada, totalmente inmutables. Tu preguntarás: ¿cómo puede ser esto? Hay una sola razón: ellos vieron su iniquidad como algo trivial. Se excusaban con que no era gran cosa!

El Señor preguntó a Ezequiel: " …¿Es cosa liviana para la casa de Judá hacer las abominaciones que hacen aquí?..." (Ezequiel 8:17). Dios estaba diciendo: "Estos hombres son indiferentes por que ellos no ven el pecado como yo lo veo – extremadamente pecaminoso. Para ellos era solo una broma!"
Los setenta ancianos estaban convencidos de que Dios le había pestañeado ente a su idolatría: "…Porque dicen ellos: No nos ve Jehová…" (verso 12). Sin embargo, Dios hace una declaración poderosa a cerca de ellos. Él dice a Ezequiel; "…he aquí que aplican el ramo a sus narices" (verso 17).
Este versículo describe un antiguo gesto de desprecio. Los israelitas recogían una ramita, la rompían y la ponían bajo su nariz y la torcían. El equivalente moderno sería para nosotros hurgarse la nariz con el dedo ante alguien y decirle: "te tengo aquí".

Dios está diciendo a estos hombres: "Ustedes se sientan en mi casa, escuchan la predicación ungida y experimentan la manifestación de mi presencia - y sin embargo ustedes esconden pecados como si fuera cosa pequeña. Ustedes no permiten a mi Espíritu convencerlos de pecado. ¡Ustedes están hurgando sus narices frente a mí!"

Estos ancianos no estaban como David que estuvo fuertemente oprimido por su pecado. Ellos no sentían ninguna flecha de convicción, ninguna perdida de fuerza física, ningún dolor emocional. Ellos no tenían ningún gemido o bramido interno, en cambio, ellos fueron engañados por lo que Moisés llamó una "falsa paz".
"y suceda que al oír las palabras de esta maldición, él se bendiga en su corazón, diciendo: Tendré paz, aunque ande en la dureza de mi corazón, a fin de que con la embriaguez quite la sed" (Deuteronomio 29:19).

En otras palabras: "Una persona engañada es como un borracho – él ha perdido toda habilidad de discernir. Él no puede ni siquiera distinguir entre la sed y la embriaguez!"
¿Estás preocupado y afligido por el pecado que te asedia? ¿Lo mantienes guardado dentro de ti, dándote horas de desvelo, aflicción emocional, dolor, culpa y desesperación? ¿Te sientes que estás a punto de caer bajo la pesada carga del todo esto?

Tu corazón llora y clama "Señor, mis pecados están sobre mi cabeza, más de lo que yo logro entender. Sin embargo, se que todas estas tribulaciones vienen de tu mano que me está castigando. OH Dios, no quiero ser un esclavo de mis malvados hábitos por más tiempo. Por favor, dame libertad otra vez!"
Si ésta es tu oración, entonces tu estás en camino de la sanidad y liberación. Tu ves cuando David se arrepintió, él finalmente pudo ver la luz al final del túnel. Escucha su oración triunfante:

"Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él. Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; Con cánticos de liberación me rodearás" (Salmo 32:5-7).

Querido Santo, tu puedes recuperar tu cántico y tu alegría. Simplemente confiesa y abandona tu pecado - y el Señor te perdonará y liberará. Como el padre del hijo pródigo, que estuvo listo para besarlo en el cuello, vestirlo con un manto de justicia y organizar una gran fiesta. Tú ves lo que testificó David:
"Muchos dolores habrá para el impío; Más al que espera en Jehová, le rodea la misericordia. Alegraos en Jehová y gozaos, justos; Y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón" ´(Salmo 32:10-11).
¡Aleluya!

Fuente: Ministerio David Wilkerson

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