jueves, 8 de noviembre de 2012

TIEMPO DE DESPERTAR


Para que ocurra el último Gran Despertar-Avivamiento de la Iglesia empieza primero con uno mismo buscando la presencia y llenura del Espíritu Santo y volver al primer amor con pasión por las almas.

Por: Dr. Emmanuel García Moreno

Mateo 25: 1-13


“Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo.

Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas.

Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; más las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas.

Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron.

Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!

Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas.

Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.

Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas.

Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.

Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos!

Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.

Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.”

La Palabra de hoy es un llamado del Espíritu a estar preparados para el Regreso de nuestro Señor Jesucristo y del Arrebatamiento de la Iglesia.

Recuerdo hace 36 años cuando recién empecé en el camino de Cristo el mensaje de la Venida de Cristo y del Rapto, era el diario vivir en las iglesias. Desde los púlpitos se exhortaba a la iglesia a buscar cada día la Presencia de Dios, porque en cualquier momento aparecería el Hijo de Dios en los Cielos y levantaría a su iglesia y así estar con El por los siglos de los siglos.

Era un mensaje poderosísimo, que alegraba el alma y a la vez provocaba un intenso fervor por la Palabra y por congregarse. También nos llevaba a anunciar a otros el Retorno del Señor, alentándoles a arrepentirse y a enderezar sus caminos delante de Dios.

Ese fue el tiempo del crecimiento vertiginoso de varias de las iglesias que hoy en día son pilares de la verdad y del Evangelio en mi país Panamá.

Esta Palabra de las diez vírgenes la llevábamos grabada con el fuego del Espíritu en nuestros corazones. Buscábamos, a cualquier precio, ser considerados dignos de estar entre los contados como prudentes.

Participábamos en vigilias constantes, en retiros espirituales en cualquier oportunidad de días feriados, en ayunos o jornadas de oración a las cuales éramos convocados como iglesia o congregación.

Realmente en aquellos días, el anuncio del Retorno de Cristo y del Rapto de la Iglesia, eran doctrinas o verdades bíblicas irrefutables y vividas ardientemente en los corazones, como la Esperanza bendita en la cual participar en cualquier momento.


Vivíamos en esos años, lo que el Señor Jesús enseñó hace cientos de años. Tomamos nuestras lámparas y salimos entusiasmados a recibir al esposo.

Los pastores, predicadores, maestros de la Palabra, evangelistas y todo aquél que se paraba en un púlpito, y aún en las calles y autobuses, predicaban esta gran verdad. Los que habíamos creído en el evangelio nos preparábamos para recibirlo.


Sabíamos y entendíamos por las enseñanzas que nos impartían, que nuestras vestiduras deberían ser las vestiduras de bodas, vestiduras blancas, lavados nuestros pecados en la sangre del Cordero y de una vida consagrada al Señor, adornados con obras de Justicia.

No era extraño ver a hombres, mujeres y niños con sus biblias debajo del brazo, o leyéndola en las paradas de los buses o en las mesas de los restaurantes. Cada quien tenía su lámpara a su alcance, nutriéndose de la Palabra.

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