martes, 30 de octubre de 2012

LA BONDAD DE DIOS





Por: Dr. Emmanuel García Moreno

“Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían.”

Nahúm 1:7

Hoy la Palabra nos lleva a meditar sobre la bondad de Dios.
Jehová es bueno. Dios es bueno.
En una ocasión, uno de los que seguían a Jesús le dijo: “Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida etern

Él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”

Interesante la respuesta de Jesús. Interesante porque él es el Hijo de Dios, es Uno con el Padre y en una ocasión dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto a mi Padre”. Desde el punto de visto natural y humano, era de esperar que Jesús aceptase ese calificativo que tan espontáneamente salió del corazón de este seguidor. Pero Él lo rechazó inmediatamente y apuntó el calificativo de bueno solo a Dios. En otras palabras: solo Dios debe ser considerado bueno.

Meditando en este pasaje y tratando de comprender la reacción de Jesús y su declaración tan tajante y determinante. Preguntaba ¿Por qué dices no me llames bueno, sino solo llamar a Dios bueno?

El Señor en su bondad, ha ido poco a poco develando esta Verdad delante de mí.

Debo explicar que una cosa es entender con la mente y la otra con el corazón. En mi mente creí haber entendido el concepto “Dios es bueno”. Por eso, debo confesar con vergüenza delante de todos, que cuando recibí esta Palabra para compartir en el día de ayer, le decía al Señor: todo el mundo sabe que Dios es bueno. No sé qué más puedo compartir con mis hermanos que ellos ya no sepan.

Puede imaginarse Ud. la insolencia mía. Decirle al Verbo de Dios, a mi Señor. “creo que ya esta todo dicho en cuanto a la bondad de Dios”. Pues bien, el Señor en su bondad, paso por alto esta insolencia mía, y, no me fulminó con un rayo como lo merecía.

¡Sí!

Porque una de las características de la bondad de Dios, es no hacer con nosotros de acuerdo a lo que nos merecemos, sino prolongar sus misericordias para con nosotros, para no ser consumidos.

Sobre este punto volveré mas adelante.

Volviendo al pasaje de Jesús.

Cuando Jesús le dijo “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios”

Le estaba dando una enseñanza profunda y contundente.

¿Si me llamas bueno; porque no me reconoces como Dios?

Era más fácil para los judíos reconocer a Jesús como un hombre bueno, lleno de bondad para con el pueblo, hacedor de bienes a favor del pueblo, con milagros, prodigios y sanaciones en favor del pueblo, que hacían evidente que era bueno, lleno de bondad; pero no podían reconocerlo como Dios.


El problema del pueblo judío y de los religiosos de su tiempo, era que estaban ante la evidencia de un hombre lleno de la bondad de Dios, pero eran incapaces de reconocer a Dios ante sus ojos.

El Dios bueno, el Dios de sus Escrituras, estaba ahora frente a sus ojos y no le reconocían. ¿Qué terrible no?

Este hombre que le llama maestro bueno; es incapaz de reconocer a Dios encarnado en Jesús.

Por eso Jesús le dice “Ninguno hay bueno, sino Uno: Dios.”

Solo hay Uno sobre todo lo que existe, que es merecedor de la expresión “eres bueno”. Ese único es Dios.

Solo a Dios le podemos llamar “Bueno”

Y si solo a Dios podemos llamar Bueno. Llamar bueno o reconocer que Jesús es bueno, estamos reconociendo que Él es Dios. Este es el mensaje que Jesús le dio al hombre que le llamó bueno en aquella ocasión: “Si puedes llamarme bueno; porqué te es difícil reconocerme como Dios”


La humanidad de Cristo confundió a los judíos en gran manera. Pero no confundió a los que habían creído en El. Sus discípulos, sabían que Él era el Hijo de Dios, sabían que Él era Uno con Dios y le seguían.

Este mensaje y enseñanza de Jesús: “El que me ha visto a mí; ha visto al Padre” tiene mucho que ver con esta Palabra.


Al ver a Jesús, al escuchar sus Palabras y ver sus obras, reconocemos la bondad del Padre, porque el Padre es en El y El en el Padre. Como los dos son Uno, o sea el Padre y el Hijo es Uno; entonces, podemos reconocer la Presencia del Padre en la vida del Hijo.

Note que en la respuesta de Jesús hace referencia a la unicidad de Dios cuando dice “Ninguno hay bueno, sino Uno: Dios”

En otras palabras: Solo hay Uno bueno: Dios. Si puedes reconocer en mí la bondad de Dios, entonces debes reconocer que Dios y yo Uno somos.

Por eso Jesús interpeló a este hombre. No es que Jesús rechazaba el calificativo de bueno; todo lo contario, lo aceptaba solo si Él era aceptado como Dios, como Uno con el Padre.

El mensaje es: No podemos atribuirle a Jesús un atributo divino sin reconocerle como Dios. La bondad es un atributo de Dios. Dios es bueno.

Este es el mensaje que divide a los hombres. No pueden reconocer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, es Dios hecho carne.

La salvación del hombre, quien quiera que sea, pende de esta Verdad. ¿Quién dices tú que es Jesús?

Muchos hombres en el transcurso de la Historia del Hombre han reconocido a Jesús como un hombre bueno, pero no llegaron a reconocerle como Dios; y, sus almas se perdieron. Porque Jesús, el Cristo, es el único en quien tenemos salvación. No hay otro Nombre dado a los hombres por el cual seremos salvos. Solo en el Nombre de Jesús.

Jesús nos enseña que sobre la tierra no hay, no ha habido ni lo habrá un hombre que pueda ser merecedor de ser llamado bueno. Bueno solo Dios. Y si reconocemos a Jesús como un hombre bueno, estamos forzados a reconocer que Él es Uno con Dios, verdad en la cual tropezaron los judíos de su tiempo, y aún hoy siguen tropezando.

Pero no solo los judíos tropiezan en esta verdad, también muchos no judíos siguen tropezando en esta roca que hace caer.

Lo que Jesús también nos quiere enseñar en este pasaje, es que la bondad de Dios se puede reflejar en nuestras vidas también.

Cuando somos de Cristo y dejamos que Él reine en nuestras vidas, sometiéndonos a su Palabra y a su Autoridad, como Él se sometió al Padre, entonces su Vida, su Esencia, su Presencia, se manifestará por medio de nosotros a los que nos rodean, y éstos serán impactados por la Vida de Dios que está en nosotros.

Al hacernos Uno con Cristo, nos hacemos por medio de Él, Uno con el Padre y podemos experimentar que la Vida de Dios se manifiesta en nosotros. Podremos llegar a exclamar como el apóstol Pablo. “Ya no vivo yo, sino vive Cristo en mí”

Cristo no nos ha llamado a ser religiosos. Nos ha llamado a que seamos una expresión suya aquí en la tierra. Que así como el Padre lo envió a El desde los Cielos para darse a conocer ; asimismo Cristo nos envía ahora a nosotros para darse a conocer entre los hombres.

Esto nos hace entender la gran responsabilidad que recae sobre nuestros hombros. Dar a conocer a Dios mediante la bondad.

Jesús le dijo a aquel hombre: Si puedes reconocer bondad en mí; reconoce entonces al Padre en mí, “porque Yo no hago nada por mí mismo; sino lo que veo hacer al Padre, eso digo”

Si nosotros entendemos esta verdad; debemos entender las consecuencias de la misma.

“Sed bondadosos como vuestro Padre que está en los Cielos es bondadoso.”

Sobre esto volveré al final.

La bondad de Dios la vemos en Cristo. Todos los hechos bondadosos de Dios se manifiestan en Cristo Jesús. Ver a Cristo es ver la bondad de Dios.

Dios es bueno, que siendo nosotros pecadores, envió a su propio Hijo al mundo, haciendo que se despojará de su Gloria y demás atributos divinos, tomara forma de hombre, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz.




Dios es bueno, que siendo merecedores de la muerte y la condenación por causa de nuestros pecados y delitos; nos da Vida juntamente con Cristo, mediante la fe en su Nombre.

Dios es bueno, que no pudiendo nosotros cumplir con la ley y los mandamientos, nos justifica ante El, por medio de la fe en Cristo, la fe en su muerte y su resurrección, pasando por alto nuestros pecados y justificándonos mediante la fe en Cristo.

Dios es bueno, que a pesar de estar en las tinieblas del pecado y de la muerte, sujetos al dominio de Satanás a causa del pecado; nos traslada al Reino de la Luz, al Reino de su Amado Hijo, mediante la fe en El.

Dios es bueno, que aún nosotros no teniendo la capacidad de entender las cosas espirituales, porque se han de discernir espiritualmente; nos da la fe, don de Dios, para que por medio de ella podamos ser salvos y participar de su Reino. Nos da de su Espíritu Santo, quien nos guía a toda verdad.

Dios es bueno, que estando nosotros como ovejas sin Pastor, nos envía al buen Pastor de nuestras almas, para conducirnos a lugar espacioso y darnos vida Eterna. Nosotros que no éramos pueblo de Dios; ahora somos pueblo, mediante la fe en Cristo Jesús.

Dios es bueno, que ensancha sus misericordias sobre nosotros cada mañana, y no nos hace según nuestras obras, sino según su bondad para con nosotros; porque ¿quien pudiera estar de pie ante El, sino es por su misericordia?

Dios es bueno, porque caeremos 7 veces y siete veces nos levantará. No por nuestras obras o merecimientos sino porque Él es bueno y para siempre es su misericordia.


La bondad de Dios y su Misericordia van de la mano. Son inseparables. Él nos muestra su bondad para con nosotros, derramando sobre nuestras vidas de su misericordia. ¿Quién pudiera estar delante del Dios Santo, sino es por su Misericordia?

Su paciencia para con nosotros es por su bondad. Sino fuera por su bondad hace tiempo hubiéramos sido consumidos.

En 1Cr. 16:34 dice: “Aclamad a Jehová, porque él es bueno; porque su misericordia es eterna.”

Gracias demos al Señor, porque su Misericordia es inagotable, es Eterna. No habrá un solo día en que no haya de su misericordia para con nosotros.

La Misericordia de Dios se antepone entre su Santidad y nuestra condición de pecadores. Si no es por su misericordia; seríamos consumidos por su Santidad. El extiende su Misericordia entre nosotros, para poder estar en comunión con El.

Es lo que nunca debemos olvidar. Estamos en pie delante de El, por su misericordia, por su bondad para con nosotros.

Dios es bueno, que aun siendo nosotros pecadores, Cristo murió por nosotros y nos hizo nuevas criaturas para Dios y Padre.

Dios es bueno y ahora somos aceptos en el Amado, haciéndonos una nueva creación para El y por El. Ahora como nuevas criaturas, somos herederos de Dios y coherederos con Cristo. Esta es la bondad de Dios.


Por eso solo nos queda aclamarlo con voz de júbilo y de agradecimiento. ¿Cómo no alabarle en voz fuerte, aclamando su bondad para conmigo?

Aclamo su Nombre porque Él es bueno conmigo. Yo solo merecía condenación; pero Él me ha aceptado en su Presencia y me colma de bienes, como si nunca le hubiese fallado. ¿Cómo no aclamar su Nombre?

Dice el salmo 106: “Aleluya.

Alabad a Jehová, porque él es bueno;

Porque para siempre es su misericordia.

Es un llamado a otros para que alaben a Dios porque Él es bueno. La bondad de Dios debe provocar en nosotros una alabanza espontánea. Nuestro corazón agradecido por la bondad de Dios por nosotros; debe abundar en alabanzas al Señor. También debe provocar en nosotros el impulso para anunciar de sus bondades a los que nos rodean, llamándoles a alabar junto con nosotros al Dios de Bondad.

Entiendo en este salmo, que al reconocer la bondad de Dios en mi vida, me lleno de alabanzas al Señor y en el impulso santo de dar a conocer de sus bondades a otros, llamándoles a alabarle también por sus bondades.

La bondad de Dios experimentada en una vida agradecida, es una gran motivación para anunciar su Nombre. Cuando reconocemos la bondad de Dios; se nos despierta el espíritu evangelizador. No podremos acallar nuestra lengua.

El salmo 135 dice:

“Alabad el nombre de Jehová; Alabadle, siervos de Jehová; Los que estáis en la casa de Jehová, En los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad a JAH, porque él es bueno; Cantad salmos a su nombre, porque él es benigno.”

Este salmo nos muestra un fundamento de la alabanza. Cuando reconocemos la bondad de Dios, podemos entrar a su Casa con Alabanzas. Los salmos, cantos e himnos de Alabanzas a Dios, son fundamentados en su bondad y benignidad para con nosotros.

Al reconocer su bondad en nuestras vidas; abundaremos en Alabanzas en su Casa. En la reunión de los santos habrá abundancia de alabanzas cuando reconozcamos su bondad en nuestras vidas.


Por el solo hecho de ser salvos, ya hay suficiente motivos para alabarle. Solo con aceptar que hemos sido salvos por la fe en Cristo y no por nuestros méritos, hay motivos para alabarle cuando vamos a su casa con los hermanos.

El lugar donde nos congregamos, debe abundar en Alabanzas por sus bondades y sus misericordias por nosotros. En lo personal, su alabanza estará de continuo en mi boca, porque Él es bueno. Me rodeó de sus bondades y no hizo conmigo según mis caminos de injusticias.


Me sacó del lodo cenagoso, me limpió, me vistió de ropa hermosa, puso mis pies sobre Peña y en mis alturas me hace andar. ¿Cómo no he de alabarle?

En 2Cr.5 dice que “Cuando sonaban, pues, las trompetas, y cantaban todos a una, para alabar y dar gracias a Jehová: y a medida que alzaban la voz con trompetas y címbalos y otros instrumentos de música, y alababan a Jehová, diciendo: Porque él es bueno, porque su misericordia es para siempre: entonces la casa se llenó de una nube, la casa de Jehová.”

Los israelitas entendían la importancia de alabar a Dios de todo corazón a causa de sus bondades. Ellos habían hecho pacto con Dios y muchas veces se olvidaban de El y se iban detrás de sus propios corazones.

Este pueblo que había sido separado por Dios para dar a conocer a los demás pueblos el Nombre de Dios, se apartaba de este santo llamamiento y se iba tras otros dioses, produciendo un gran dolor en el corazón de Dios. Dios les castigaba. Cuando ellos entendían su locura, se volvían a Dios arrepentidos. Dios los aceptaba regocijado y solícito por ellos.

Este pasaje vemos como Dios se da a conocer que el arrepentimiento y conversión del pueblo hacia El; es aceptado. Deja ver la nube de su Presencia, diciéndole al pueblo arrepentido: Heme Aquí. No le he desechado ni abandonado.

El pueblo entendía que cuando se apartaban de Dios; El los dejaba a sus propios caminos y allá sus enemigos les vencían y esclavizaban; pero cuando se volvían al Camino de su Dios; Él les prosperaba y sus enemigos eran vencidos. Cuando ellos caminaban en el Camino de su Dios, prosperaban en todo y no había nación, por poderosa que fuese, que pudiera vencerles.

Esa era la bondad de Dios para con ellos. No hacía con ellos de acuerdo a sus pecados; sino que desplegaba sus misericordias sobre ell

En 1Cr. 7 dice “Cuando vieron todos los hijos de Israel descender el fuego y la gloria de Jehová sobre la casa, se postraron sobre sus rostros en el pavimento y adoraron, y alabaron a Jehová, diciendo: Porque él es bueno, y su misericordia es para siempre.”

La bondad de Dios lo lleva a tener comunión con su pueblo y deja ver su Gloria y su Favor en beneficio de su pueblo. Este reconocimiento por parte del pueblo, debe llevarlo a la alabanza y adoración. En medio de esa muestra de agradecimiento por su bondad; El entonces deja ver su gloria.

Cuando en las congregaciones, el pueblo allí reunido sepa reconocer la bondad de Dios por cada uno de los presentes; y agradecidos le aclamemos en alabanza gozosa; veremos la gloria de Dios descender sobre nosotros.

No podremos estar en pie. Caeremos postrados ante El.

En 2Cr. También dice: “Porque una gran multitud del pueblo de Efraín y Manasés, y de Isacar y Zabulón, no se habían purificado, y comieron la pascua no conforme a lo que está escrito. Mas Ezequías oró por ellos, diciendo: Jehová, que es bueno, sea propicio a todo aquel que ha preparado su corazón para buscar a Dios, a Jehová el Dios de sus padres, aunque no esté purificado según los ritos de purificación del santuario.

Y oyó Jehová a Ezequías, y sanó al pueblo”

Aquí hay un claro ejemplo de la bondad de Dios. El rey Ezequías, oró a Dios clamando por su bondad. Le pide que a causa de su bondad, sea propicio con aquellos de entre el pueblo que no pudieron cumplir con el ritual de la purificación ordenada en la ley, para poder celebrar la pascua.


Ezequías sabía que aquellos que no se habían purificado, eran sujetos a caer bajo la ira de Dios, porque habían quebrantado la ley ceremonial, muy santa para Dios.

Había una excusa válida ante los ojos del Rey, y éste clamó a Dios, apelando a su bondad: Dios, no los castigues, sino, al contrario, sé propicio a ellos.

Lo hermosos de este pasaje es que Dios le escuchó y envía sanidad para el pueblo. El da más abundantemente de lo que pedimos o entendemos. Dios es bueno.

Dios está presto a manifestarse cuando reconocemos su bondad y apelamos a ella.

Nuestros pensamientos pueden aprisionarnos y mantenernos alejados de la bondad de Dios; cuando permitimos que pensamientos de condenación aniden en nosotros por algún pecado que hayamos cometido. Nos decimos:” Dios no te perdonará por esto. Estás irremediablemente perdido. De aquí solo espera por el juicio.”


Es una gran mentira que nos detiene e impide acudir a su Trono pidiendo misericordia. Vayamos confiadamente al Trono de su Gracia y hallaremos socorro oportuno a nuestro clamor.



¿Sabes por qué seremos escuchados propiciamente?



Porque Dios es bueno.

Dios es bueno y para siempre es su Misericordia

En Esdras 3:10-13 encontramos lo siguiente:



“Y cuando los albañiles del templo de Jehová echaban los cimientos, pusieron a los sacerdotes vestidos de sus ropas y con trompetas, y a los levitas hijos de Asaf con címbalos, para que alabasen a Jehová, según la ordenanza de David rey de Israel.

Y cantaban, alabando y dando gracias a Jehová, y diciendo: Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba con gran júbilo, alabando a Jehová porque se echaban los cimientos de la casa de Jehová.

Y muchos de los sacerdotes, de los levitas y de los jefes de casas paternas, ancianos que habían visto la casa primera, viendo echar los cimientos de esta casa, lloraban en alta voz, mientras muchos otros daban grandes gritos de alegría.


Y no podía distinguir el pueblo el clamor de los gritos de alegría, de la voz del lloro; porque clamaba el pueblo con gran júbilo, y se oía el ruido hasta de lejos.”

Los cimientos de una vida poderosa en Dios, están en reconocer la bondad de Dios y sus misericordias. Cuando reconocemos su bondad y vivimos cobijados en ella, no hay espacio para nada más sino un profundo agradecimiento a El por acogernos a su lado y prodigarnos de sus favores inmerecidos.

Un corazón humillado ante El, sobrecogido ante tanta bondad y misericordia, solo podrá llenar su boca de alabanzas, acciones de gracias y exaltación a su Nombre por su bondad.

Que nuestra vida esté fundamentada en Cristo y por medio de El, en la Alabanza al Padre por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. En Cristo somos aceptos en El.

El SALMO 25:4-11:



Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; Enséñame tus sendas.


Encamíname en tu verdad, y enséñame, Porque tú eres el Dios de mi salvación; En ti he esperado todo el día.


Acuérdate, oh Jehová, de tus piedades y de tus misericordias, Que son perpetuas.

De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes; Conforme a tu misericordia acuérdate de mí, Por tu bondad, oh Jehová.

Bueno y recto es Jehová; Por tanto, él enseñará a los pecadores el camino.


Encaminará a los humildes por el juicio, Y enseñará a los mansos su carrera.

Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad, Para los que guardan su pacto y sus testimonios.



Por amor de tu nombre, oh Jehová, Perdonarás también mi pecado, que es grande.”


En este salmo somos enseñados que la bondad de Dios. Lo inclina a darnos a conocer sus caminos y a enseñárnoslos para que andemos en ellos. Para de esta forma llegar a su Presencia.


El Camino que Dios nos muestra para que andemos en El, es para llevarnos a su Presencia cada día.

Él no tenía por qué abrirnos camino hacia El. Nada lo obliga a hacerlo. Pero en su bondad, no solo nos lo muestra; nos enseña a andar por El.

SALMO 34:1-8 dice:

“Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca.

En Jehová se gloriará mi alma; Lo oirán los mansos, y se alegrarán.

Engrandeced a Jehová conmigo, Y exaltemos a una su nombre.

Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores.

Los que miraron a él fueron alumbrados, Y sus rostros no fueron avergonzados.

Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias.


El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende.

Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él.

Salmo 145 dice:

“Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, Y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre.

Cada día te bendeciré, Y alabaré tu nombre eternamente y para siempre.

Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; Y su grandeza es inescrutable.

Generación a generación celebrará tus obras, Y anunciará tus poderosos hechos.

En la hermosura de la gloria de tu magnificencia, Y en tus hechos maravillosos meditaré.


Del poder de tus hechos estupendos hablarán los hombres, Y yo publicaré tu grandeza.

Proclamarán la memoria de tu inmensa bondad, Y cantarán tu justicia.

Clemente y misericordioso es Jehová, Lento para la ira, y grande en misericordia.

Bueno es Jehová para con todos, Y sus misericordias sobre todas sus obras.

Te alaben, oh Jehová, todas tus obras, Y tus santos te bendigan.

La gloria de tu reino digan, Y hablen de tu poder”

La Palabra de Dios nos habla de la bondad de Dios para con nosotros. Este atributo de Dios se manifiesta en relación al hombre.


El hombre es pecador. No hay un solo hombre bueno o justo. Todos somos merecedores de la ira de Dios, porque Él es un Dios Santo, Santo, Santo.

¿Quién puede habitar con la Santidad de Dios?

Más Dios muestra su Amor y su bondad para con nosotros, que siendo pecadores, nos ha dado a su Hijo Jesucristo, para que todo aquel que en El crea y lo reciba, tenga vida eterna y pueda participar en la Herencia que Él nos ha preparado en Cristo.

Nos ha aceptado como hijos suyos, por la fe en Cristo. Esto es bondad a la incontable potencia. No solo nos acepta, sino que nos da la potestad de ser hechos hijos de Dios. Nos recibe en su Cas como hijos de Dios.

Por su bondad y misericordia somos hechos santos e inmaculados hijos de Dios, por la fe en Cristo.

Mire lo que dice Tito 3:



“Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra.

Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres.

Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros.

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.

Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres.”

El Evangelio es una vida nueva que nos ha sido dada, para que la vivamos conforme Dios y no conforme al mundo. Conforme al Espíritu y no conforme a la carne.

Sobre la bondad de Dios hay mucho que decir y explicar, pero vamos a detenernos por aquí, sobrecogido por la inmensidad de su bondad para con nosotros y humillado delante de El por haber pensado siquiera que poco habría para enseñar sobre este tema, porque era conocido de todos.

El Señor se apiade de mí y tenga de mí misericordia.

Termino con 2Ts.1:6-12

“Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros).

Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder, para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.”


La venida de nuestro Señor está cerquísima.

Hasta ese día glorioso, Él está haciendo su obra de poder en cada uno de los que hemos creído en El. Dentro de poco El mostrará su poder en nosotros, para dar testimonio de su grandeza y bondad, para que el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en nosotros y nosotros en El


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