sábado, 25 de abril de 2015

EL RAPTO ANTES DE LA GRAN TRIBULACIÓN. -II- PARTE


Por José Holowaty.


GUARDADOS POR EL SEÑOR.

A un profeta bíblico de la antigüedad, se le dio un nombre especial – “Sofonías”, el cual significa “guardado por el Señor”. Su entera profecía es una advertencia para Israel en los últimos días, y su nombre es un presagio del intento de su profecía. Algo de naturaleza tenebrosa se aproxima y llegará antes de la gran tribulación. Escuche la advertencia de Sofonías al Israel de los últimos días: “Congregaos y meditad, oh nación sin pudor, antes que tenga efecto el decreto, y el día se pase como el tamo; antes que venga sobre vosotros el furor de la ira de Jehová, antes que el día de la ira de Jehová venga sobre vosotros. Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizá seréis guardados en el día del enojo de Jehová” (Sofonías 2:1-3). En el capítulo inicial de la profecía, Sofonías advierte de un horrendo juicio que se extenderá a través del mundo entero. Es tal vez es la descripción más gráfica que ofrece la Biblia de los horrores infligidos durante la gran tribulación.

Luego, en el capítulo 2, exhorta a su pueblo, les llama espiritualmente ciegos y parias y les dice que “se congreguen”, es decir literalmente que se unan, refiriéndose a una reconciliación espiritual y auto análisis que conllevará a la redención. Esta profecía está dirigida precisamente al Israel de hoy, el que está dividido en dos facciones debilitadas por desacuerdos internos y enemigos externos. Y tal como dice la profecía de Malaquías, ésta también será la misión de Elías para su pueblo, vendrá para traer reconciliación entre las facciones dispares de Israel. El dispensacionalismo clásico sostiene que cuando Elías se revele, la Iglesia ya habrá partido. Pero… ¿Cómo sabrá Israel que es tiempo para congregarse? Dios los despertará espiritualmente en el momento apropiado. “El decreto” mencionado anteriormente, es la decisión final de Dios para desatar su juicio. Otras profecías nos dicen que el impacto final en el proceso de juicio, será cuando el Anticristo firme el pacto por siete años. Finalmente, notamos que la advertencia de Sofonías aplica a un Israel reunificado, que está viviendo en un período transicional, justo antes de la tribulación. Como ya hemos visto, este será un tiempo de caos y tinieblas espirituales, cuando la destrucción desatada sea el orden del día. Se le dice a Israel que preste atención a las advertencias, porque el furor de la ira de Dios se desatará muy pronto.

EL RAPTO ANTES DE LA GRAN TRIBULACION.

Al examinar las profecías anteriores, uno bien podría responder con una pregunta obvia: Si los horrores globales se desatan antes de la gran tribulación, ¿acaso la Iglesia no estará presente para experimentarlos? La respuesta es: ¡No necesariamente!

¿Cuándo comenzará el día de la ira? Se iniciará, no con guerra, terremotos o erupciones volcánicas, sino cuando el Anticristo confirme el pacto. Probablemente estallará un conflicto bélico mucho antes de que el Anticristo firme este documento. Imagine por un momento que irrumpa un confrontación en el Medio Oriente, posiblemente con Irán. Conforme las tensiones aumenten, Rusia y los estados aliados podrían reaccionar escalando sus posiciones. En algún punto, Damasco y Egipto serán aniquilados. La profecía es bien clara a este respecto. Luego Gog, comandando una vasta alianza del norte, avanzará en contra de Israel. Todo esto parece que ocurrirá justo antes de la gran tribulación.

Si la guerra se transforma en nuclear, la atmósfera estará colmada con residuos que oscurecerán el sol y la luna…antes de la tribulación… tal como profetizó Joel. Para ese tiempo, y en medio del creciente caos, Elías hará su aparición… antes de la tribulación, tal como fue profetizado. Ezequiel predijo que Israel obtendrá la victoria en esta monumental batalla, y que pasará siete años quemando las armas de sus enemigos, quienes yacerán muertos en el campo de batalla. El libro de Apocalipsis nos dice, que a mediados de la tribulación, Israel se convertirá en un fugitivo de las fuerzas de Satanás, por lo tanto es obvio que a partir de este momento ya no podrá estar quemando las armas. En su discurso del monte de los Olivos, Jesús le advierte a los judíos que cuando tenga lugar la “abominación desoladora” en los últimos días, deberán huir para salvar sus vidas. Este evento asimismo ocurrirá a mediados de la gran tribulación.

Todo esto coloca la primera guerra de la serie, por lo menos tres años y medio antes de la gran tribulación, a fin de darle a Israel los siete años necesarios para quemar las armas después de su victoria. Este escenario es presentado por Pablo en su primera epístola a los creyentes de Tesalónica. Refiriéndose al rapto, él ofrece un escenario que involucra una guerra futura que llegará con la velocidad de un rayo. Por definición debe ocurrir antes de las acciones del Anticristo al principio de la gran tribulación. Las personas en el mundo sin duda sentirán que algo no está bien, y estarán preocupadas por la paz y la seguridad. Pero sus esperanzas se frustrarán cuando todo se convierta en tinieblas… en tinieblas reales, si tomamos literalmente las palabras de Joel respecto al sol y la luna.

“Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan. Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo. Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él. Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis” (1 Tesalonicenses 5:1-11). Ésta es una carta para la Iglesia, no obstante las advertencias de Pablo acerca de la guerra son dadas para Israel y las naciones, no para la Iglesia. Están dirigidas a esos que “se queden”.

Los profetas del Antiguo Testamento, tal como Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel y los profetas menores, todos hablaron de un período transicional antes de que se desate plenamente la ira de Dios. Ellos una y otra vez usaron las palabras “antes” o a “las puertas”, como una forma de advertirle a Israel que debe estar atento en los últimos días.

Cuando las señales de los tiempos comiencen a multiplicarse… incluso tal como está ocurriendo ahora mismo… esté atento. Moisés y Elías harán su aparición muy pronto, y con ellos un mundo de problemas, no para la Iglesia, sino para Israel. Porque Dios no nos ha puesto para ira. ¡Manténganse alertas y anímense unos a otros con el pensamiento de que el rapto tendrá lugar antes de la gran tribulación!

LA DESAPARICION.

Muy pronto llegará un día en que Israel se advertirá de la horrorosa verdad, que quienes más les apoyaban, sus más fieles amigos, de alguna forma desparecieron. ¡Los cristianos amigos de Sion desaparecieron! No sabemos cómo les irá a parecer esto a ellos, pero la Biblia contiene fuertes sugerencias de que tendrán lugar interrupciones de toda clase con creciente intensidad, tal como dijo el Señor Jesucristo cuando usó la frase: “Porque… habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares” (Mateo 24:7b).

Hay una profecía en el pequeño libro de Miqueas que describe esta experiencia con emoción patética y un sentimiento de desesperación. Escrita desde la perspectiva de Israel, fue registrada originalmente en la era del cautiverio en Asiria en el siglo octavo antes de Cristo. Pero como una metáfora se extiende hasta un futuro distante, hasta los días de la situación difícil de Israel que seguirán a la remoción de la Iglesia, pero antes del comienzo de la Gran Tribulación.

Se inicia con un lamento de desaliento y un sentimiento de que algo muy terrible ha ocurrido: “¡Ay de mí! porque estoy como cuando han recogido los frutos del verano, como cuando han rebuscado después de la vendimia, y no queda racimo para comer; mi alma deseó los primeros frutos. Faltó el misericordioso de la tierra, y ninguno hay recto entre los hombres; todos acechan por sangre; cada cual arma red a su hermano. Para completar la maldad con sus manos, el príncipe demanda, y el juez juzga por recompensa; y el grande habla el antojo de su alma, y lo confirman. El mejor de ellos es como el espino; el más recto, como zarzal; el día de tu castigo viene, el que anunciaron tus atalayas; ahora será su confusión. No creáis en amigo, ni confiéis en príncipe; de la que duerme a tu lado cuídate, no abras tu boca. Porque el hijo deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera contra su suegra, y los enemigos del hombre son los de su casa” (Miqueas 7:1-6).

El escenario es la siega de verano, y el Señor Jesucristo explicó más tarde que era un símbolo del fin de la edad. En Apocalipsis, la vendimia de las uvas es semblanza de la tribulación. “Y salió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra, porque sus uvas están maduras” (Apocalipsis 14:18). Hablando para Israel, Miqueas nota con desaliento que “Faltó el misericordioso de la tierra”. Aquí la palabra hebrea que se tradujo como “faltó” es avad, que significa “desaparecer” o más específicamente “esfumarse”. Qué descripción más perfecta del mundo después del rapto, en el cual “el misericordioso” – el piadoso, el hombre justo – no se encuentra en ninguna parte. ¡Ha desaparecido de súbito! Desprovistos del Espíritu Santo para que los guíe, de moralidad y ética, esa edad estará caracterizada por impulsos brutales e inhumanos.

Verdaderamente, esto es exactamente lo que Miqueas tiene que decir sobre ese mundo, en el cual sus contemporáneos serán como zarzas y espinas. No se podrá confiar en nadie. Incluso el amigo más íntimo o familiar, es muy probable que le venda por ganancia. Las familias estarán internamente en guerra, y los hogares destruidos por los conflictos. El punto de vista de Miqueas de este mundo después del rapto, es seguido por imágenes que son específicamente tribulacionistas. En otras palabras, él también muestra un programa de eventos que comienza antes de que se manifieste el Anticristo, pero que luego cambia a la Gran Tribulación. “Yo les mostraré maravillas como el día que saliste de Egipto. Las naciones verán, y se avergonzarán de todo su poderío; pondrán la mano sobre su boca, ensordecerán sus oídos. Lamerán el polvo como la culebra; como las serpientes de la tierra, temblarán en sus encierros; se volverán amedrentados ante Jehová nuestro Dios, y temerán a causa de ti” (Miqueas 7:15-17). Los milagros en Egipto, la confusión de las naciones y el espectáculo de los hombres viviendo bajo la tierra para escapar de los horrores de la tribulación, están descritos plenamente en el libro de Apocalipsis. Miqueas muestra que el mundo antes de la tribulación estará caracterizado por la iniquidad desenfrenada, mientras que después que se firme el pacto se desatarán toda clase de conflictos geofísicos, políticos y militares.

LA INVASION DEL NORTE.

Regresando al lamento de Miqueas acerca del estado de la sociedad, él describe un cuadro gráfico de un mundo ateo enloquecido. En el Israel de su día, la moralidad había declinado y la sociedad se había convertido en rica, indolente y perezosa, en una economía que proveía un estilo de vida opulento. Con tristeza, hace notar la decadencia de la moralidad pública y advierte sobre el juicio venidero… tanto a sus contemporáneos, como al Israel del día de hoy.

Tal vez su frase más reveladora es, “… El día de tu castigo viene, el que anunciaron tus atalayas; ahora será su confusión” (Miqueas 7:4b). Esto habla del día del juicio, o la tribulación, y de las naciones que vienen a apoderarse del botín de Israel. Los eruditos en profecía creen que el día del Señor se iniciará después de la invasión combinada de los ejércitos del norte, mencionados en Ezequiel 38:2b, como “Gog en tierra de Magog”. En un lenguaje cuidadosamente estructurado, la profecía de Miqueas nos dice que la desaparición del“misericordioso de la tierra”, tiene lugar antes de esta invasión, la cual es de hecho, la primera de muchas batallas que se librarán durante el período de la gran tribulación.

Israel ha sufrido repetidamente asaltos del invasor del norte. En el día de Miqueas, fue Asiria, la primera invasión de importancia desde el norte. Un siglo después, Jeremías habló de la futura invasión babilónica, dijo: “Alzad bandera en Sion, huid, no os detengáis; porque yo hago venir mal del norte, y quebrantamiento grande” (Jeremías 4:6). Un poco después, hablando como un profeta del cautiverio babilónico, Ezequiel profetizó sobre otra incursión del norte, sobre la tan conocida invasión de la fuerza aliada de Gog: “Vendrás de tu lugar, de las regiones del norte, tú y muchos pueblos contigo, todos ellos a caballo, gran multitud y poderoso ejército” (Ezequiel 38:15). Otra profecía – ésta de parte de Isaías – se refiere al juicio en los últimos días de esos que han tratado de apropiarse para sí mismos del territorio otorgado a Israel: “Aúlla, oh puerta; clama, oh ciudad; disuelta estás toda tú, Filistea; porque humo vendrá del norte, no quedará uno solo en sus asambleas” (Isaías 14:31).

El patrón puede verse muchas veces. El Israel antiguo experimentó un colapso espiritual, y el enemigo asirio llegó. Más tarde los judíos cayeron en la idolatría y los babilonios llegaron. En la era moderna, la apostasía espiritual y el rapto de la iglesia resultará en el juicio final, precedida por otra invasión del norte, en esta ocasión de Gog. Primero tiene lugar la desaparición de los justos, seguida por la degeneración de la sociedad, y finalmente la invasión del norte, justo antes de los siete años de la tribulación. Después de eso, Miqueas concluye con una nota de esperanza, y luego de la derrota, Israel experimentará finalmente salvación: “Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá. Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz” (Miqueas 7:7 y 8).

Ciertamente, estas palabras aplican al Israel del propio tiempo de Miqueas, pero también se extienden hasta los días del Apocalipsis y Armagedón: “Yo les mostraré maravillas como el día que saliste de Egipto. Las naciones verán, y se avergonzarán de todo su poderío; pondrán la mano sobre su boca, ensordecerán sus oídos” (Miqueas 7:15 y 16). Las palabras finales de esta profecía están dirigidas a las naciones de los últimos días, cuando se congreguen desde el norte para conquistar a Jerusalén y sean exterminadas por un acto de la voluntad de Dios, con la segunda venida del Señor Jesucristo. “Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón” (Apocalipsis 16:16).



EL PUNTO DE VISTA DE PABLO.

En el Nuevo Testamento, ésta es exactamente la situación presentada por Pablo en su segunda epístola a los Tesalonicenses. Él habla de una fuerza que restringe y que un día será removida. Los eruditos respetables están de acuerdo, en que es un cuadro del mundo después del rapto del pueblo de Dios, luego del cual la humanidad experimentará un cambio radical en sus valores. El inicuo entonces quedará en libertad con toda su furia, y la sociedad estará fuera de control, exactamente tal como el cuadro que presenta Miqueas. Será un mundo sin compromisos morales, con una ética degenerada y sistemas de leyes y justicia en colapso. La traición y la intriga gobernarán y controlarán la vida: “Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste. Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos” (2 Tesalonicenses 2:6-9). El teólogo y erudito inglés William Edwy Vine, autor del Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento, comenta acerca del término griego que se traduce “detiene” en el pasaje anterior. Se origina de katecho, que significa “sujetar fuerte o profundo”. Él escribe: “En el versículo 6, se dice que está deteniendo la iniquidad, impidiendo que se desarrolle. En el versículo 7, se le quita la fuerza a eso que lo retiene”.

Esta expresión puede aplicar a un individuo, o una persona que dirige un grupo, con un resultado específico. En breve, Vine cree que la influencia que restringe es una persona que actúa como una influencia que guía sobre un grupo. En este caso, el resultado es la preservación y purificación de la sociedad. El intento de Pablo es describir la influencia del Espíritu Santo y la Iglesia como los principales agentes para restringir la iniquidad.

Para el observador contemporáneo objetivo, es obvio que durante el último siglo más o menos, los déspotas y revolucionarios de este mundo, han fracasado en su deseo de imponer un gobierno mundial, precisamente debido a la propagación del cristianismo. Tanto los alemanes, italianos, japoneses, rusos y chinos han tratado de imponer gobiernos fascistas o sociedades comunistas.

Aunque algunos no lo acepten, la realidad es que ellos no lograron sus objetivos debido al fundamento global del cristianismo en sus muchas formas y denominaciones. Los movimientos misioneros y los despertares espirituales habían creado un carácter distintivo que restringió el crecimiento del ateísmo y las filosofías materialistas, mientras ellas se expresaban a través de los gobiernos fascistas y comunistas. Los varios movimientos de resistencia, los grupos de ayuda y los médicos misioneros en todas partes del mundo, muy a menudo están integrados por cristianos. ¡Uno sólo puede tratar de imaginar los horrores de un mundo desprovisto del ejemplo del amor de Cristo, no como una historia pasada, sino como una fuerza viva en las varias instituciones cristianas de caridad impulsadas por el Espíritu Santo!

LA GRAN PREGUNTA.

Cuando el Señor Jesucristo habló sobre el tema de la tribulación, claramente declaró que ocurrirían muchas perturbaciones sobre la faz de la tierra, antes del arribo de la Gran Tribulación. Su famoso discurso desde el monte de los Olivos, es a no dudar uno de los más discutidos en toda la profecía. En él, el Señor responde a una pregunta que le hicieran sus discípulos. Básicamente querían saber cuál sería la recapitulación de los eventos proféticos.

Como ya discutimos el intervalo de tiempo entre el rapto y la Gran Tribulación, la disertación que le diera el Señor a sus discípulos nos ofrece varias piezas críticas de información. Primero analicemos cuidadosamente la pregunta que ellos le plantearon, la cual comienza con su partida desde el monte del templo: “Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada. Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mateo 24:1-3). En este importante momento, el evangelista Mateo es muy cuidadoso en describir el escenario antes que los discípulos planteen la pregunta. En el capítulo anterior, el Señor Jesucristo pronunció un apasionado discurso al pueblo. Mientras lo hacía se encontraba parado en algún lugar del monte del templo, a no dudar desde una área bien visible dentro de sus muros. Su declaración está expresada como una despedida para la nación de Israel. En ella, el Señor pronunció ocho lamentos contra los escribas y fariseos, quienes constituían el cuerpo gobernante de la nación, tal como dijo sentados en la cátedra de Moisés. Él los presenta como el último ejemplo de hipocresía, ya que pretenden ser justos, cuando de hecho son exactamente lo opuesto.

El Señor concluye colocando sobre ellos la responsabilidad acumulada de muchas generaciones pecadoras que derramaron la sangre de inocentes, dice: “Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación” (Mateo 23:34-36). Después de colocar este pesado juicio sobre Israel, Jesús se lamentó respecto a las catástrofes que le iban a sobrevenir a su pueblo y a Jerusalén, fue un día tenebroso cuando el Señor se lavó sus manos y dejó a su propia suerte a esta ciudad pecadora.

“PERO AUN NO ES EL FIN ”…

Fue en medio de este contexto que los discípulos le plantearon la pregunta, ya que a no dudar se sintieron muy agravados cuando habló de su partida. Ellos esperaban verlo tomar el poder como Mesías y Rey. Ahora había cerrado efectivamente esa puerta, sin embargo a pesar de todo sabían que Él estaba destinado a gobernar sobre su pueblo. Hay una nota curiosa acerca del comportamiento de los discípulos, después que Jesús salió del monte del templo. “Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo” (Mateo 24:1). Pero… ¿Por qué le enseñaron los edificios? ¿Qué podían mostrarle, que Él no hubiera visto ya miles de veces? Por el contexto, tal parece que ellos sentían urgencia por recordarle la importancia de esta edificación. Basados en su magnífica belleza, tal vez querían decirle: “Mira, Señor, todo está en su lugar. ¿Por qué no tomas el poder ahora?”. Pero poco tiempo después, debieron estarle rogando que cambiara de idea.

Él respondió en términos claros, que toda esta magnífica arquitectura, una de las maravillas del mundo antiguo, muy pronto quedaría reducida a escombros. Ellos deben haberse quedado estupefactos, y reaccionaron como cualquiera de nosotros habría hecho. Era un artículo de fe que Él tomaría el poder en algún momento determinado, por lo tanto la pregunta de los discípulos era completamente lógica: “¿Cuándo vendrás para tomar el poder y cuándo le pondrás fin al orden mundial actual?”. Los discípulos estaban bien al tanto de que Roma estaba en control, y que lo estaría hasta tanto no se estableciera el Reino Mesiánico. El Señor respondió la pregunta sobre el “fin del siglo” tan abierta y honestamente como le fue posible, dado el nivel de comprensión de ellos. Note en estos versículos las palabras “principio” y “fin”. “Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores” (Mateo 24:4-8).

Ellos le habían preguntado acerca del fin, y Él les responde que “aún no es el fin”. De hecho, estaba diciendo que antes que llegue el fin – la tribulación, vendrá un período de guerras globales, hambre, enfermedades y terremotos. De una manera fuerte su respuesta está estrechamente correlacionada con los testimonios de Joel, Sofonías y Miqueas, quienes hablan de toda clase de trastornos antes de los siete años de la gran tribulación. El Señor sigue diciendo, que cuando comience la gran tribulación, “el fin” estará cerca. “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24:13). Aquí usa la frase “el fin” para describir los siete años de la gran tribulación. Cuando examinamos esto dentro del contexto de otras Escrituras podemos saber que Jesús se estaba refiriendo al séptimo año de la gran tribulación y a su segunda venida.

Finalmente, le dice a sus discípulos: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14). A diferencia de los discípulos del Señor Jesucristo en ese tiempo, nosotros tenemos la información que nos ofrece el capítulo 7 de Apocalipsis. Por medio de él sabemos que doce mil, de cada una de las doce tribus de Israel proclamarán el Evangelio a todo lo ancho del mundo, tal como afirmó el propio Señor: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14).

Los discípulos le hicieron una pregunta simple respecto al tiempo del fin del sistema mundial… del poder mundial gentil, y Jesús presentó un bosquejo del futuro en tres partes. Primero describe una serie de confrontaciones antes de la tribulación. Después, la firma del Anticristo que confirma el pacto e inicia los días de la gran tribulación, durante los cuales, representantes de las doce tribus predican el Evangelio del reino venidero al mundo entero. Finalmente, tiene lugar la abominación desoladora a mediados de la tribulación, iniciándose los horrores de la segunda mitad de los siete años que culminan con su segunda venida.

TIEMPOS DE LOS GENTILES.

En un sentido, ahora estamos viviendo en el período “antes de la gran tribulación”, y así ha sido por dieciocho siglos desde la diáspora de los judíos. En el evangelio de Lucas, cuando Jesús habló de su segunda venida, mencionó la conmoción de los tiempos finales y luego dijo esto: “Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan. Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca” (Lucas 21:24-28). Jesús le presentó a sus discípulos un punto de vista de la historia centrado en la premisa que el sistema mundial debe alcanzar su máximo poder antes de su retorno visible a la tierra.

Claro está, sabemos que los tiempos de los gentiles llegarán a su clímax bajo el reinado del Anticristo durante la Gran Tribulación. Pero aparentemente, el auge del gobierno global estará acompañado por señales en los cielos que ocurrirán antes de la Gran Tribulación. “El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová” (Joel 2:31). Si tomamos las palabras de Jesús literalmente, podemos esperar ver varias inestabilidades astronómicas que causen gran temor en el mundo. Actualmente hay consternación entre los astrónomos con respecto a los cambios que vemos en el sol. En lugar de continuar con su ciclo regular de manchas, misteriosamente se ha quedado quieto, trayendo una nueva serie de parámetros que tiene confundidos a los astrónomos solares. Recientemente, estos científicos han expresado ansiedad sin saber qué ocurrirá próximamente. El Señor Jesucristo, anticipó este caos fuera de lo común, y se refirió a la confusión en el mundo “a causa del bramido del mar y de las olas”. Ya hemos visto como en la actualidad ha crecido el temor entre las personas por los huracanes, tifones, tornados y las variaciones en el clima de toda clase. De manera significativa, en varias ocasiones los terremotos submarinos han causado tsunamis… olas gigantescas que han inundado y arrasado extensas áreas, causando destrucción y muerte. Tal como dijo el Señor, estas cosas han comenzado en una forma muy sutil, y ciertamente estamos esperando su retorno. Antes de que todas estas catástrofes alcancen la ferocidad profetizada, la Iglesia partirá en dirección a su hogar.

En el período justo antes de la Gran Tribulación, la Biblia dice que Israel continuará en su estado de ceguera, lo que permitirá el auge del imperio mundial gentil, ocasionado con esto su último juicio: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles” (Romanos 11:25).

EL DILUVIO.

En su respuesta a los discípulos, el Señor Jesucristo también usó la metáfora del gran diluvio de Noé. Dijo que la tribulación llegará de súbito, sin advertencia y sin remedio. En el tiempo de Noé los ángeles caídos le trajeron conocimiento prohibido a la humanidad y corrompieron la civilización, pero no sólo eso, sino que además tomaron mujeres como esposas y procrearon una descendencia híbrida.

El resultado fue una destrucción horrible de la civilización, la cual finalmente se sumió en la más completa degradación. “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).

La Biblia guarda silencio acerca de los detalles de este período, pero la historia secular registra una variedad de dioses, diosas, semidioses, pecados antiguos e ídolos. La mitología antigua está colmada de narraciones que detallan la maldad de los dioses involucrados con los seres humanos y de todas las perversidades que practicaban. Se han escrito muchas historias y se han hecho muchas películas tratando de reproducir la historia de Noé y sus hijos construyendo una embarcación gigantesca en una tierra donde nunca había llovido. Siempre se les presenta como objeto de burla y ridículo de sus contemporáneos, aunque la Escritura no dice nada respecto a la reacción de los vecinos de Noé. Tal parece como si ellos ni siquiera sabían lo que estaba haciendo el patriarca. Él estuvo construyendo la embarcación y cuando llegó el tiempo, los animales subieron a bordo, de dos en dos. Luego llegó el diluvio.

Los paralelos con los últimos días son obvios. El Señor Jesucristo hablando de ese día, dijo que como los vecinos de Noé, las personas vivas antes de la tribulación serán tomadas completamente por sorpresa: “Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre. Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:36-39).

Ellos deberían haber sabido, pero estaban ciegos a la verdad. Recuerde que el Señor Jesucristo se refirió al período de tiempo antes de la Gran Tribulación, y esos con ojos espirituales para ver, como Noé y su familia sabrán que el diluvio se acerca, mientras que todos esos ciegos por el pensamiento de que este mundo es la medida de todas las cosas, serán arrasados. Cuando comenzó la lluvia, Noé y su familia ya se encontraban dentro del arca que había sido cerrada por el propio Dios. El punto es: Antes que llegara el juicio, ellos fueron removidos efectivamente del escenario. Gracias a Dios tenemos “la esperanza bienaventurada”

Fuente: Contralaapostasia

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  1. COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
    EN LA CONDUCCION DIARIA

    Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

    Ejemplo:

    Ceder el paso a un peatón.

    Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

    Poner un intermitente

    Cada vez que cedes el paso a un peatón

    o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


    Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


    Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


    Atentamente:
    Joaquin Gorreta 55 años

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