lunes, 29 de octubre de 2012

EL RAPTO ANTES DE LA GRAN TRIBULACION. -I- PARTE


Antes que suceda el Arrebatamiento de la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo, primero pasaremos por una Tribulación (una guerra nuclear, mega-terremotos, crisis financiera global, hambruna mundial), no así la Gran Tribulación como esta escrito en la Palabra.

La única forma que la Iglesia de hoy religiosa, que esta dormida y pensando solamente en la teología de la prosperidad es que sea sometida y se arrepienta genuniamente y entonces pero solo entonces comenzará el último Gran Despertar-Avivamiento como nunca en la historia y millones de almas se salvarán y entonces el Señor nos recibirá en las nubes y estaremos celebrando las Bodas del Cordero y empieza la Gran Tribulación de 7 años bajo el control del Anticristo.

ANDAR EN SANTIDAD, EL DESPERTAR - AVIVAMIENTO EMPIEZA PERSONALMENTE EN EL DEVOCIONAL CON EL SEÑOR TODOS LOS DÍAS ANTES QUE SALGA EL ALBA Y DE ESTA FORMA PODREMOS ESTAR LLENOS DEL ESPÍRITU SANTO Y SALIR A PREDICAR EL EVANGELIO DE JESUCRISTO EN TODO MOMENTO Y FUERA DE TIEMPO.

LA GRACIA Y LA LLENURA DEL ESPÍRITU EN UNO HARÁN EL RESTO Y QUE LAS PERSONAS VENGAN A LOS PIES DE CRISTO.

Por: José Holowaty.

Entre los dispensacionalistas prevalece la tendencia a pensar del cambio de una dispensación a la próxima, como un punto separado a lo largo de la línea del tiempo. Podemos ver los gráficos que marcan los cambios de la promesa a la Ley, y de la Gracia al reino. Sin embargo, cada uno de ellos es más que sólo un punto a lo largo de una línea, ya que entre el uno y el otro transcurrieron años. Moisés y la experiencia en Egipto abarcó décadas. Desde el nacimiento de Jesús hasta la formación de la iglesia primitiva y la terminación del Nuevo Testamento, pasó cerca de un siglo. Y tal vez la Biblia sorprendente mente hable de una larga transición desde la edad de la Iglesia hasta la tribulación y hacia el Reino. Uno podría argumentar de que ahora mismo estamos en esa transición.
Como veremos, la Biblia se refiere a un cambio más o menos gradual de la edad de la Iglesia hasta los siete años de la tribulación. Este período está marcado en sí mismo, tanto por inestabilidad como por calamidades, no obstante la magnitud de sus convulsiones serán mucho menores que esas que ocurrirán durante el período de siete años de la gran tribulación.

Tres veces en el Nuevo Testamento encontramos el término “gran tribulación”, usado para describir un período de tiempo cuando el mundo será juzgado en la forma más extrema y devastadora. Tal como dijo el Señor Jesucristo:“Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá”(Mateo 24:21).

Él habló de este evento inminente como un trastorno mucho mayor que cualquier otro que le hubiera jamás precedido. Dada la larga historia de la tierra de volcanismo, terremotos, choque de meteoros, cambios en las placas tectónicas, inundaciones, incendios y similares… incluyendo el gran diluvio de Noé… Los desastres en serie de la tribulación serán inimaginables.

Como parte de su mensaje a la iglesia de Tiatira, el Señor Jesucristo se refirió a una mujer llamada “Jezabel”. Él prometió que si no se arrepentía, la arrojaría en tribulación, la juzgaría. Le dijo: “Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella” (Apocalipsis 2:20-22).

Un poco más tarde, el apóstol Juan es visto en el cielo, mientras observa a un número incalculable de personas. Uno de veinticuatro ancianos está parado cerca de él, y el apóstol le pide que le identifique a este grupo. Su respuesta lo asocia específicamente con este período de juicio, le dijo: “… Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (Apocalipsis 7:14b). En la respuesta del anciano a Juan, podemos ver que se trata de un período terrible, más que ninguno otro en la historia de la humanidad… y que se cierne sobre nosotros como una tormenta.

Vemos que se aproxima inexorablemente. El renacimiento de Israel, que fuera una profecía, ya es una realidad. El Magog profetizado – Rusia – está armando ya activamente a las naciones en el Medio Oriente. Persia – el Irán de hoy – está surgiendo como un gran ejército en asociación con Rusia. En breve veremos cómo todas las piezas de esta profecía se irán juntando para su cumplimiento.
Es absolutamente cierto que el tiempo de la tribulación se aproxima que se acerca. En el capítulo 6 de Apocalipsis, la Biblia declara que se iniciará con un holocausto nuclear… guerra, depresión, hambre y enfermedades que se extenderán por todo el planeta. Es casi seguro, que el enfrentamiento bélico en cuestión comenzará o en Israel o en sus alrededores, conforme sus enemigos avancen hacia su territorio para la solución final. Como consecuencia de esta confrontación, una economía global controlará a las multitudes subordinadas, y la compra y la venta requerirán que la humanidad se someta al Anticristo. El profeta Daniel dijo, que el período sería de siete años de duración. La complejidad de su proceso de desarrollo, es quizá sin precedentes, ya que involucrará la geología, la astronomía, la política, guerras y desastres de varias clases y duración.

A pesar de todo, el informe de Juan nos deja ver, que pese a los muchos cataclismos, tiene su lado bueno. Millones de personas de cada nación de la tierra creerán durante ese tiempo. Israel será purificado y elevado a la condición de Reino. Y los santos de la era, serán resucitados para morar en el reino celestial. Juan fue testigo de todo eso.

LA INMINENCIA DE ISRAEL.

Como pretribulacionistas creemos en la doctrina de la inminencia – es decir tenemos fe en que el Señor Jesucristo puede retornar en cualquier momento sin ninguna insinuación o advertencia. Pero hay una condición que debe ser considerada cuando pensamos en el rapto. Y es ésta: la profecía es extremadamente explícita respecto al hecho que los eventos de los tiempos finales tendrán lugar en conjunción con acontecimientos en la nación de Israel. Cuando los apóstoles escribieron sus epístolas, Israel todavía estaba morando en su territorio. Esto dejó de ser verdad después que los romanos sofocaron la revuelta de Bar Kochba, un judío que se proclamó mesías.

Cuando Pablo, Pedro, Santiago, Juan y Judas y el escritor de la epístola a los Hebreos enviaron sus cartas, el templo de Herodes todavía estaba operando plenamente, e Israel era una nación. Incluso cuando Juan escribió, siguiendo la destrucción del templo en el año 70 de la era cristiana, Israel todavía no había sido dispersado por completo, esto ocurrió después de la última revuelta judía bajo Simón Bar Kochba en el año 135 de la era cristiana, cuando fueron diseminados en los cuatro extremos de la tierra, más de tres décadas después de la muerte del apóstol Juan. Por consiguiente, en un sentido, cuando los apóstoles escribieron sobre la anticipación apostólica del retorno de Jesús por la Iglesia, lo hicieron dentro del contexto de la presencia actual de Israel en su propio territorio, con Jerusalén como su capital. Siguiendo la diáspora vino un largo período de tiempo cuando esto dejó de ser así. Transcurrieron cerca de dieciocho siglos, 1.813 años entre la partida final de Israel del territorio después de la revuelta final, y su resurgimiento como estado en 1948.

Durante este período, la iglesia institucional abandonó la doctrina del retorno inminente de Cristo. En varias ocasiones, se fijaron fechas, pero todas concernientes a la segunda venida, no al rapto. A lo largo de los siglos, las iglesias estatales siguieron el liderazgo de Agustín de Hipona, y abandonaron la posición profética de que los judíos retornarían a Israel para esperar desde allí a su Mesías. De acuerdo con las enseñanzas de Agustín, bajo el gobierno de Cristo, la Iglesia, no Israel, presidiría sobre el Reino. Cuando Pablo escribió sobre el rapto en su segunda epístola a los Tesalonicenses, fue en base a que la Iglesia será arrebatada, antes que el Anticristo se auto proclame dios en el templo judío: “Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Tesalonicenses 2:3 y 4). Aquí, Pablo asocia el rapto, que ocurrirá primero, con el evento en el templo, que ocurrirá después. El templo estuvo presente en su día, y estará nuevamente durante la tribulación. Para que esta profecía tenga cumplimiento, Israel debe estar presente en su territorio para edificar su casa de adoración. En otras palabras, la presencia de Israel en el territorio es un prerrequisito para el cumplimiento de la profecía que se relaciona específicamente con la Iglesia.

Hoy, Israel está de regreso en su territorio, y a partir de su retorno han estado preocupados con reconstruir el templo. Pero desde que se establecieran como estado, la oposición árabe e islámica han hecho eso imposible. Los cristianos han observado con gran interés, como grupos como los Fieles del Monte del Templo y el Instituto del Templo de Jerusalén se preparan para reconstruir su centro de adoración. La desaparición de la Iglesia del mundo, traerá consigo apostasía. Y la apostasía que imperará antes de la revelación del Anticristo indica fuertemente que para entonces la influencia de la Iglesia ya habrá sido removida. El apóstol dice, que sólo entonces se revelará el “inicuo”.
Es indudable que Pablo se está refiriendo al arrebatamiento de la Iglesia, lo cual incluye la remoción del Espíritu Santo antes de la tribulación, pero lo hace en el contexto de acciones que requieren que Israel tenga un templo que esté funcionado, ya sea en el tiempo del rapto, o un poco después de eso.
Esta simple condición ha sido una verdad desde que los apóstoles nos dieron el Nuevo Testamento. En su epístola a los Romanos, Pablo escribió en un lenguaje de expectativa, refiriéndose, no a la salvación inicial del creyente, sino a la salvación general de la Iglesia en el rapto: “Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz” (Romanos 13:11 y 12).

A comienzos de su ministerio, aproximadamente en el año 51 de la era cristiana, Pablo le escribió a los fieles en Tesalónica, con palabras que sugerían que cierto número de sus contemporáneos estarían vivos para el momento del retorno de Cristo por su Iglesia. Claro está desde nuestra perspectiva actual, el “nosotros”, en los siguientes versículos, se refiere a esos que están vivos hoy, y quienes estarán vivos en el futuro: “Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:15-17).

Hacia el final de su vida, en el año 66 de la era cristiana, el ansia de Pablo por el retorno del Señor se hizo más fuerte que nunca. Urgió a Tito con palabras que le recordaran, que la esperanza del retorno inminente de Cristo, debía ser el centro de la vida cristiana: “Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:12 y 13). Un poco después de haber escrito estas palabras, Pablo fue ejecutado por el gobierno romano. La cosa importante para recordar es que él esperó el retorno inminente del Señor hasta el fin de su vida. Y todavía, para finales del primer siglo, Juan animó a su propio rebaño para que viviera con la expectativa de que el Señor podría regresar en cualquier momento: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Juan 3:2 y 3).
Durante la vida de los apóstoles, Israel era una realidad presente. E incluso, aunque el templo ya no existía cuando Juan registró estas palabras, el Anticristo podía todavía manifestarse en cualquier momento. Pero después de la muerte de Juan, Israel fue derrotado y dispersado. Por dieciocho siglos los judíos dejaron de estar presentes en su territorio antiguo. La expectativa del retorno inminente del Señor Jesucristo fue olvidada, junto con la creencia de que la casa de David una vez más habitaría la tierra santa. Por extensión, lo que sigue lógicamente es, que la doctrina de la inminencia depende en gran manera de la existencia actual de Israel como nación. Para ilustrar el punto, suponga por un momento que el próximo año, las circunstancias de alguna forma obliguen a Israel a dispersarse en todo el mundo, exactamente como ocurrió en el año 135 de la era cristiana, cuando los ejércitos de Adriano destruyeron a Jerusalén de una vez por todas, reconstruyéndola posteriormente y dándole el nombre de Aelia Capitolina. Suponga que los árabes crearan una nueva Palestina, permaneciendo Jerusalén como su nueva capital, con el nombre de Al Quds. Bajo estas circunstancias, la posibilidad de reconstruir el templo llegaría a ser algo bastante remoto. ¿Estarían entonces los cristianos esperando fervientemente el rapto y la tribulación venidera, que es ahora tan común entre los creyentes bíblicos? ¡Absolutamente no! El cumplimiento profético requiere de la presencia de la nación de Israel.

Si Dios permitiera que tal cosa ocurriera, los cristianos una vez más estarían esperando el retorno de los judíos y que volvieran a capturar el monte del templo, exactamente como algunos de ellos estaban haciendo en el siglo diecinueve. Si Israel no se encuentra en su territorio, las profecías de los últimos días no pueden tener cumplimiento.

UNA TRANSICION EXTRAÑA.

Claro está, Israel se encuentra ahora en su tierra. Hace como un siglo, los judíos y los cristianos trabajaron unidos para darle vida al moderno movimiento sionista. Israel fue preservado de dos guerras mundiales y un holocausto, para convertirse en un estado. Luego, librando varias otras confrontaciones en su propio territorio, Israel emergió hasta convertirse en una potencia mundial. Siguiendo a la guerra de los Seis Días en 1967, y la toma de Israel del monte del templo, millones de cristianos comenzaron a convencerse de que estaban viviendo en tiempos proféticos. Sólo piense en los muchos libros sobre profecía que se han escrito desde que tuviera lugar este evento singular.
Existe en la actualidad un grupo considerable de cristianos que están convencidos, que en algún momento, antes de que se inicie la tribulación, el Señor descenderá del cielo y los llevará a casa en el rapto. Pero prevalece una pregunta válida con respecto al tiempo del rapto. Conforme discutimos lo que dice la Biblia sobre la transición, de lo que podríamos llamar “un medio normal” hacia lo que habrá de ocurrir durante la tribulación, examinaremos los muchos pasajes de la Escritura que hablan de los horrores y cambios volátiles que tendrán lugar, antes de que se inicien los siete años de la tribulación. Claro está, han surgido muchas discusiones apasionadas entre los cristianos, con respecto al tiempo preciso del rapto, particularmente con referencia a los siete años de la tribulación. Los argumentos usualmente fluctúan, entre las ideas del rapto a mediados o después de la tribulación. La década de 1970 también fue testigo del desarrollo de la teoría del rapto antes de la tribulación, la cual coloca la partida de la Iglesia antes de este período.

Sin embargo, la firmeza de la posición pretribulacionista descansa sobre dos premisas básicas. Primero que todo, el Señor promete que no hará descender su ira sobre sus elegidos, esos justificados en Cristo. Segundo, su ira está determinada en conformidad con un evento específico en la vida de la nación de Israel, mencionado así por el profeta Daniel: “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador” (Daniel 9:26 y 27). Son muchos los libros y artículos que se han escrito con relación a estos versículos, pero se reducen a un solo hecho: En el futuro, un “príncipe” llegará a Israel. Nosotros le llamamos el Anticristo, pero los israelíes lo recibirán como si se tratase de su Mesías. Él firmará un documento confirmando “por otra semana… el pacto con…” ellos – por un período de siete años.

Daniel dice, que es precisamente la firma de este papel ratificando el pacto, lo que iniciará el período de siete años de la tribulación. En otras palabras, esos que estén vivos en ese tiempo, podrán identificar con precisión el principio de la tribulación. Desde ese momento comenzarán a transcurrir los 1.260 días de la primera mitad de la tribulación. Pasarán tres años y medio durante los cuales se suspenderá el orden natural de las cosas.

ELIAS ANTES DE LA GRAN TRIBULACION.

Pero esto plantea una pregunta legítima. ¿Cuáles son los eventos que nos conllevarán para que Israel haga este pacto con el Anticristo? Es cierto que él no hará esto mientras todas las cosas estén bien, sino que primero tendrán que ocurrir eventos significativos que conllevarán a esta firma. No se equivoque, es absolutamente necesario que el Anticristo comience a ascender al poder antes de la tribulación. El capítulo 6 de Apocalipsis dice que emergerá inicialmente, durante un período de guerra, depresión, hambre y epidemias. Esto tendrá lugar antes de la tribulación, ya que la firma del pacto iniciará lo que sus contemporáneos creerán que será un pacto de paz. La lógica nos dice que los cuatro jinetes del Apocalipsis, comenzarán a cabalgar antes que se firme el pacto, es decir antes del período de siete años de la tribulación. Igualmente ocurrirán otras cosas antes de la tribulación. Una de ellas, será que el profeta Elías se manifestará ante su pueblo. ¡Elías y el Anticristo llegarán a Israel más o menos en el mismo tiempo! Aparentemente, el profeta de la antigüedad traerá una maldición sobre el territorio, tal como hiciera en el episodio durante el cual no llovió en Israel en los días del rey Acab. En cualquier caso, el juicio se iniciará con el auge del Anticristo al poder.

Los eruditos más respetables en profecía creen que Elías es uno de los testigos que viene a plagar el reinado del Anticristo. Y dice la Escritura al respecto: “Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio. Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra. Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera. Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran” (Apocalipsis 11:3-6). Sabemos que los 1.260 días comenzarán a la firma del pacto, y sabemos que Elías alterará el clima de alguna forma. Él, y el otro testigo que le acompañará, el cual los estudiosos creen que es Moisés, plagará las aguas de los ríos, lagos, océanos y de las nubes.

EL RAPTO ANTES DE LA REVELACION DE ELIAS.

Otros eventos de la tribulación y del período que conllevará a ella, son menos específicos. Hay una tendencia a pensar que en el instante en que la Iglesia sea arrebatada, comenzará la GRAN Tribulación, pero esto no es cierto, ¡no puede serlo!
Hay una gran verdad acerca del rapto que raras veces se discute, y es que tendrá lugar en un intervalo desconocido antes de la revelación del Anticristo, pero en cuanto a la tribulación, esos que estén vivos aquí en la tierra, podrán reconocerla de inmediato tan pronto confirme el pacto de siete años con los líderes de Israel. La profecía que habla de la venida de Elías en los últimos días, también nos dice que aparecerá ante Israel, en algún momento antes del período de siete años del “Día del Señor”. Malaquías dice esto muy claramente: “Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel. He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición” (Malaquías 4:4-6). El capítulo 4 de Malaquías es la última profecía en el Antiguo Testamento. Habla de la tribulación y de la segunda venida de Cristo. Además, menciona tanto a Moisés como a Elías. Si tal como creemos habrá dos testigos, ellos representan a la ley y a los profetas. Lo último de la profecía de Malaquías es para Israel “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible”. La Escritura entonces nos dice que él le revelará su identidad a su pueblo antes de que se firme el pacto de siete años.

Esto hace que surjan muchas preguntas. Permítame mencionarle algunas: ¿A quiénes se les aparecerá el profeta? Si llegara hoy… ¿Se reuniría con Benjamín Netanyahu, el primer ministro de Israel? ¿Llegará al Instituto del Templo, o al nuevo Sanedrín refundado en Israel? ¿O se reunirá tal vez con los jasídicos o con los rabinos ortodoxos? Y lo más importante: ¿Cómo hará para unir a esos grupos religiosos en un Israel tan dividido en materia de religión? Su misión, tal como la describe Malaquías es hacer “volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres”, es decir reunirlos. Es difícil saber con precisión cuál es el significado exacto de esto, pero ciertamente parece indicar que animará la reconciliación y la unidad espiritual entre los miembros de la casa de David, algo que no se ha visto en una forma real desde que se consagrara el templo de Salomón. Para llevar a cabo tal proeza requerirá la presencia de una autoridad espiritual increíble que simplemente no existe hoy.

Como ya hemos dicho en otros mensajes de Profecías Bíblicas, cada familia judía espera la aparición de Elías durante la celebración de la cena del Cordero Pascual. Ellos incluso preparan un lugar para él y le sirven la copa tradicional de vino. Hay gran expectativa entre todos, cuando envían a un miembro de la familia a la puerta para ver si está parado afuera. El rabino Abraham Twerski escribe en la página 170 del libro De la esclavitud a la libertad: “Mientras que cada participante a la cena Pascual bebe de su propia copa, la copa de Elías es tradicionalmente un cáliz largo, y muchos tienen la costumbre de compartirlo con los demás”.

“Una vez la copa de Elías está llena hasta el borde, la puerta de la casa se abre completamente, tal vez para simbolizar nuestra invitación al espíritu del profeta quien será el heraldo de la redención final. Según la tradición, Elías tiene que beber de esta copa, cuyo contenido es después distribuido entre todos los participantes a la cena”. Cuando se sirve la cuarta copa de la cena Pascual, también se sirve la de Elías. Y sigue diciendo el rabino en su libro, que entonces se repiten estas palabras: “Derrama tu ira sobre las naciones que no te reconocen y sobre los reinos que no invocan Tu Nombre. Porque ellos han devorado a Jacob o Israel, y destruido su habitación. Derrama tu ira sobre ellos y permite que tu furor los alcance. Persíguelos con tu enojo y aniquílalos por debajo de los cielos del Señor”. No podría haber una descripción más clara del papel clave de Elías en el plan de Dios. Pero tal como dijo Malaquías, la labor del profeta se centrará en traer renovación espiritual y redención a su pueblo.
La Escritura es bien explícita: ¡Elías vendrá visiblemente al mundo antes de la tribulación! Él será el heraldo de la ira de Dios, la cual ya se está gestando en este momento. Por lo tanto es muy importante preguntar: ¿Qué más ocurrirá mientras Elías se revela? ¿Permanecerá oculto hasta que el Anticristo firme el pacto, y luego hará su aparición con el poder del juicio? De hecho, la Biblia nos dice que a su venida, tendrán lugar eventos que estremecerán la tierra.

LA PLAGA DE LANGOSTA DE JOEL.

Entre más uno examina el período de transición que precederá la tribulación, más parece que este tiempo estará marcado por un cambio increíble. Trastornos en una escala global se convertirán en el orden del día. Y aparentemente se iniciarán en algún momento antes de la tribulación. Esto se halla ilustrado en la profecía de Joel, la cual habla del asombroso caos global que prevalecerá específicamente antes de la tribulación: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado” (Joel 2:28-32).

Aquí encontramos la evocadora imagen de Joel de las condiciones que se manifestarán durante el día del Señor – la tribulación. De acuerdo con él, un nuevo despertar espiritual tendrá lugar sobre su pueblo… la nación de Israel. Ellos serán guiados por sueños y visiones que les confirmarán que están viviendo en los últimos días. También, tendrá lugar un gran derramamiento del Espíritu Santo de Dios. Pero más que todo, veremos en términos gráficos, que se manifestarán grandes eventos geofísicos. Asombrosamente, ¡Joel dice que todo esto comienza a ocurrir antes de la tribulación! Pero… ¿Qué podría ocasionar la aparición de “sangre, y fuego” con “columnas de humo” antes de la tribulación? En el mundo natural, los volcanes se ajustan a esta descripción, al colmar la atmósfera con partículas y vapores asfixiantes que oscurecen la visibilidad, tanto de día como de noche. Esto ya ha ocurrido en varias ocasiones históricas.

Los volcanes de Santorini y Krakatoa oscurecieron los cielos por años, pero durante el período de la tribulación será peor. Otra posibilidad distinta para explicar este caos, sería una guerra nuclear general. Desde las explosiones dobles en Hiroshima y Nagasaki, muchos científicos han especulado que una guerra nuclear contaminaría la atmósfera con lluvia radiactiva mortal que flotará a grandes alturas por meses o años. Ellos a menudo se han referido a esto, como a un “invierno nuclear” causado por el oscurecimiento resultante del sol. Es concebible que esto también pueda hacer que la “luna se vuelva como sangre”. Es decir que se vea una luna rojiza, en medio del polvo y los desechos. Cualquiera sea la causa, este evento catastrófico tendrá lugar antes del período de siete años de la gran tribulación. Por lo tanto, vemos ahora que hay por lo menos dos cosas que están profetizadas y que deben ocurrir antes que el Anticristo firme este pacto engañoso: La llegada de Elías y una especie de perturbación global.

EL PRIMER SERMON A LA IGLESIA.

El primer sermón de la edad a la Iglesia fue pronunciado por Pedro el día de Pentecostés. Ese día, mencionó la profecía de Joel, acerca del horrible caos que tendrá lugar antes del día del Señor. Esto ha hecho que muchos se pregunten: ¿Qué razón tuvo Pedro para haber citado este texto de la Escritura? Y dicen: ¿Por qué ilustraría Pedro, el nacimiento de la Iglesia con una profecía de tribulación? A la luz de lo que ahora sabemos respecto al hecho que Israel tiene que estar residiendo en su territorio, la respuesta es simple: Pedro quiso que supiéramos cuál sería el período de existencia de la Iglesia, desde su principio hasta su fin.
Primero, recordó la profecía de Joel de un derramamiento significativo del Espíritu Santo. Luego predijo la idea general de salvación, inicialmente en el sentido del nuevo nacimiento en Cristo, y después la salvación física de este mundo por medio del arrebatamiento de la Iglesia. “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hechos 2:16-21). Usando las palabras de Joel, Pedro pronunció aquí una profecía sobre el principio y fin de la edad de la Iglesia, antes del día del Señor. Él interpretó el mensaje del profeta del Antiguo Testamento, en una forma que se refiere directamente a la Iglesia.

Estas palabras revelan un cuadro evidente. En algún momento antes de que el Anticristo firme el pacto, habrá una perturbación monumental que estremecerá el entero globo. En su discurso del monte de los Olivos, el Señor Jesucristo habló de las guerras, hambres, enfermedades y terremotos masivos que caracterizarán este período, y rápidamente declaró: “… Pero aún no es el fin” (Mateo 24:6b). Nosotros podríamos llamarlo un caos antes de la tribulación que oscurecerá hasta el sol y la luna. Elías aparecerá en este tiempo, y algo lo capacitará para atraer la atención de Israel. Esto será muy probablemente, cuando haga que cese ese ciclo catastrófico. Para hacerlo, tendrá que desplegar públicamente poderes milagrosos, marcando la transición hacia una nueva dispensación.

Este también será el tiempo, cuando Pablo dice que ocurrirá una “gran apostasía”, lo cual quiere decir que reinará una confusión masiva. Imagine que los líderes mundiales de hoy, se encuentren de súbito indefensos ante un gran caos. Conociéndolos como ya los conocemos, es posible que tal vez recurran a medidas radicales para retener el poder.

CONTINUARA

3 comentarios:

  1. El rapto ya tiene fecha:el 1 de Marzo de 2013.

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  2. no paso nada otra vez.... dejen de poner fecha

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  3. Elias ya esta entre ustedes! y permanece en un lugar el cual pocos tienen idea,es decir se manifestará a su debido tiempo

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