viernes, 15 de junio de 2012

RETORNANDO A LAS SAGRADAS ESCRITURAS -IV-

COMO IDENTIFICAR LOS ERRORES MÁS COMUNES, IMPARTIENDO PRECISIONES BÍBLICAS
 
Marcos Andrés Nehoda,  pastor. Iglesia Cristiana Evangélica, Buenos Aires, Argentina
  • 8. Obispos, Pastores y Ancianos
  • 9. Obras y Fe
  • 10.Oración y Poder
8. OBISPOS, PASTORES Y ANCIANOS. 

Por alguna razón que ignoramos, o porque el ser humano tiende a ello, estas tres expresiones bíblicas que corresponden a una misma responsabilidad, con el tiempo se tornaron en tres categorías o rangos distintos en la Iglesia. A continuación, tres pasajes bíblicos que mencionan estos términos. Obispos: 1º Timoteo 3.1‐7, Pastores: Hebreos 13.17, Ancianos: Hechos 20.17‐35. Los términos anciano y obispo se intercambian en Tito 1.5‐9. El obispo [supervisor], llamado también anciano o pastor, oficial principal en la iglesia local era llamado y puesto por el Espíritu Santo (Hechos 20.28), reconocido por la misma congregación y confirmado por poseer las cualidades descriptas en 1º Timoteo 3.1‐7 y en Tito 1.6‐9. Esto no impide que haya otros hermanos en la iglesia local que perfilan para ser en un futuro mediato obispos, pastores y ancianos y que, de hecho, el pastor va encargándoles algunas tareas ocasionales o temporales, siempre bajo su anuencia, supervisión y bajo sujeción. Hay también hermanas ancianas que pastorean a las  más jóvenes, enseñándoles más específicamente y particularmente lo relacionado con sus roles que cumplen como mujeres. (Tito 2.3‐5).


9. OBRAS Y FE.

 Parece increíble que en las iglesias llamadas protestantes o evangélicas tengamos que explicar, todavía, la diferencia entre obras y fe, y el lugar que ocupan en el Evangelio del Reino de Dios. Es indudable que no podemos dejar de relacionar estrechamente las  dos expresiones; ya que, si no hay obras, no hay fe; y si no hay fe, no hay obras auténticas o de valor ante los ojos de Dios. (Santiago 2.14‐ 26).El asunto clave está en el lugar que ambas expresiones ocupan en cuanto a la Salvación del alma. Dios dice claramente en Su Palabra que la Salvación no es por las obras, a fin de que nadie se vanaglorie. (Efesios 2.8‐10). Aquí no se está refiriendo exclusivamente a las Obras de la Ley, (Romanos 3.19‐28), sino a todo tipo de obras que uno pretenda realizar, a fin de ganar méritos o favor delante de Dios para obtener la Salvación Eterna. (Romanos 4.16). Debemos entender que la Salvación es una gracia de Dios; (Romanos 6.23) [Griego 5486‐Carisma. ‘La ración {o salario} del pecado es muerte… la gracia {o concesión} de Dios es vida eterna”].

La Salvación no es nuestra, pertenece a Dios: “y clamaban a gran voz, diciendo: La Salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero”. (Apocalipsis 7.10).En Jonás 2.9b leemos: “… la Salvación es de Jehová”. En cuanto a las obras, dice La Palabra de Dios: “… todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia…” (Isaías 64.6). 

No hay otro Nombre que Dios haya dado a la Humanidad para que ésta sea salva; solamente Jesucristo puede salvar; Él es el único Salvador; no hay otro medio de Salvación; no hay otro Mediador. No hay nadie en la tierra ni en el Cielo que pueda abrogarse el derecho de ser Mediador o Mediadora entre Dios y los hombres. Así como hay un solo Dios, hay un solo Mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo Hombre. No existe ninguna otra manera o forma de obtener la Salvación Eterna del Alma; no hay méritos de parte del ser humano que encienda la más mínima llama de esperanza para su Salvación. Si hubiera algo realmente bueno en el ser humano, alguna parte de su corazón o de su vida que no estuviera manchada por el pecado, si existiese la más pequeña llama de santidad o bondad inherente en las personas, pues solamente habría que avivar, animar esa pequeña llama, para que se encienda la Vida. Pero no; el Señor nos dice en Su Santa Palabra que todos nos hemos corrompido, a una nos hemos hecho inútiles; no hay quién haga lo bueno verdaderamente; no hay quien busque a Dios con total integridad.
Todos nosotros ‐no solamente la ovejita‐ (Lucas 15.4, Isaías 53.6) nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su propio camino. El pecado de todos nosotros Dios lo cargó en Jesucristo; solamente Su Sangre derramada en la Cruz del Calvario nos limpia de todo pecado. Nada podemos agregarle a la Obra de Redención en el Calvario. Jesucristo exclamó: ‐Consumado está. Es decir, todo está hecho y terminado en cuanto al Plan de Salvación de las Almas. Sin embargo, las obras son resultado y una consecuencia natural de la fe verdadera: “… creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. (Efesios 2.10). Como corolario: Juan 6.28‐29.

10. ORACIÓN Y PODER. 

Hay una corriente teológica, una nueva enseñanza, que pretende otorgarle poder a la oración en sí misma, aparte del Dador del Poder (Salmo 62.11 y 68.34). “Podremos mover montañas cuando tengamos buena voluntad para creer que podemos; y no sólo las montañas serán movidas, sino que el planeta entero será redimido y reformado de acuerdo al Modelo de la Mente”. [Un año con Emmet Fox (extractos)]. La oración no es una fuente de Poder; la oración es el medio para contactarnos con la Fuente del Poder, que es Dios mismo, nuestro Creador. “… Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es  temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye”. (Juan 9.31). El Señor Jesucristo nos reglamentó cómo orar: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi Nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi Nombre, Yo lo haré“. (Juan 14.13‐14) También leer Juan 15.16 y 16.23. Lo que hace que la oración sea respondida ‐ya sea con un sí, con un no o con un ‘espera’‐ es la que se eleva en el Nombre del Señor Jesucristo. Dios no oye a los pecadores, pero oye la oración elevada en el Nombre del Señor Jesús, como si Él mismo pidiera a Su Padre. “Porque hay un solo Dios, y un solo Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”. (1º Timoteo 2.5).
Debemos orar con Fe (Marcos 11.24 y Mateo 21.22), con un espíritu perdonador (Marcos 11.25 y Lucas 11.4), con la intercesión del Espíritu Santo (Romanos 8.26 y 1º Juan), en comunión con Dios (1º Juan 3.19‐22), conforme a Su Voluntad (1º Juan 5.14‐15).

No ‘manejamos’ a Dios a través de la oración; no ‘ordenamos’ al Cielo, que haga o responda a nuestros caprichos; no ‘decretamos’, como si fuéramos legisladores oficiales del Paraíso; no ‘declaramos’, como si presidiéramos el Poder Ejecutivo de las glorias celestiales. Solamente oramos, pedimos, rogamos, tal cual lo expresa La Palabra de Dios en 1º Timoteo 2.1, dando gracias anticipadas al Señor, aceptando incondicionalmente Su Respuesta, ya sea un Sí, un No o un Espera. El Predicador Cibernético, en su sermón titulado ‘Tú tienes Autoridad y Poder’ desde Miami, EE.UU., dice: “Autoridad es un derecho legal delegado para ejercer dominio y señorío. Dios le ha dado a cada creyente un derecho legal para ejercer poder y autoridad en Su Nombre. Poder es la habilidad divina para obrar cualquier cosa.  Él te ha dado Autoridad y Poder para ordenarle a esa circunstancia, a ese problema, que se doblegue; que se solucione. Y lo único que debes hacer es decretarlo en el Nombre de Jesús; simplemente, tú lo dices en el Nombre de Jesús, y tú lo decretas usando lo que Dios te dio, que es tu boca. Tu boca Dios te la dio para decretar, atar y desatar”. “Esa situación temporal por la que estás pasando va a pasar tan pronto como la ordenes, y ordenes a los Cielos y le ordenes a la Tierra en el Nombre de Jesús. El mundo de las tinieblas tiene que oírte y obedecerte, porque eres un hijo del Dios Todopoderoso, y eres intocable”. [https://shop.kumundi.com/predicas/].

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