miércoles, 13 de junio de 2012

Estudio: RETORNANDO A LAS SAGRADAS ESCRITURAS -II-

COMO IDENTIFICANDO LOS ERRORES MÁS COMUNES, IMPARTIENDO PRECISIONES BÍBLICAS
 
Marcos Andrés Nehoda,  pastor. Iglesia Cristiana Evangélica, Buenos Aires, Argentina.
  • 3. Dones Espirituales y Actuales
  • 4. Gracia y Misericordia
  • 5. Ley y Espíritu
3. DONES ESPIRITUALES Y ACTUALES. 

Debemos hacer la diferencia entre dos palabras griegas distintas que son traducidas como iguales en nuestras Biblias, lo cual dificulta su distinción y valoración. a) Doma1390 o Dádivas [Dómata] es lo que se menciona en Efesios 4.8; son los beneficios o bendiciones que vienen como consecuencia de la Obra Perfecta de Jesucristo en la Cruz del Calvario, gracias a la cual pudo descender a las partes más bajas de la tierra y llevar cautiva a la cautividad que estaba en el Seno de Abraham, subiendo con ellos a lo alto, al mismo Paraíso. Por el hecho de haber conocido a Jesucristo como nuestro Salvador Personal tenemos dádivas: perdón, seguridad, vida eterna, esperanza, amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. (Gálatas 5.22‐23).


Otros pasajes bíblicos que utilizan la misma expresión griega: Mateo 7.11, Filipenses 4.17. b) Carisma5486 o Gracias [Carísmata] es lo que se menciona en Romanos 12.6; son las gracias que Dios nos confía en ‘comodato’ o en concesión, para Su Servicio.

Nuestros talentos naturales pueden ser útiles y necesarios para la Obra de Dios; como ser, la habilidad en la construcción, en el dibujo, en la traducción. Pero el Servicio para Dios es eminentemente [más alto, elevado] espiritual; entonces, necesitamos dones espirituales. El ser  humano no los posee naturalmente. Dios nos los confía a nosotros que somos Sus hijos, exclusivamente para Su Servicio. No son posesión nuestra; nos los presta. La diferencia entre Doma y Carisma es que las Dádivas se disfrutan; los Dones se ejercen. Otros pasajes bíblicos que utilizan la misma expresión griega: Romanos 6.23 (la Vida Eterna no es nuestra; proviene de Dios), 1º Corintios 1.7, 12.4, 1º Timoteo 4.14, 2º Timoteo 1.6, 1º Pedro 4.10 (somos mayordomos administradores de la multiforme Gracia de Dios).
Hay una tercera expresión bíblica, que es Doron‐1434 o Presentes [Dora]; como ser, Mateo 2.11, Mateo 5.23, Lucas 21.1. En síntesis: Doma ‐ 1390 Dones como Dádivas; Carisma ‐ 5486 Dones como Gracias; Doron ‐1434 Dones como Presentes. Como la Gracia de Dios es multiforme, (1º Pedro 4.10) nunca podremos conocer la lista completa de los Dones o Carismas que Dios nos confía bajo nuestra responsabilidad para con ellas servir en Su Obra. Tenemos tres listados que son ‐pareciera‐ deliberadamente incompletos, para que no nos limitemos en nuestra mente y no limitemos a nuestros hermanos y hermanas en su Servicio al Rey de Reyes y Señor de Señores: Romanos 12.38 dispensados por Dios el Padre; Efesios 4.716 dispensados por el Hijo; 1º Corintios 12.711 dispensados por el Espíritu Santo. La clave o condición para conocer cuál o cuáles son nuestros dones está en Romanos 12.1‐2. La confirmación de ello lo tenemos en 2º Corintios capítulo 8, versículo 5. [Hechos 9.36‐39. Dorcas: ¿dones de caridad?].

4. GRACIA Y MISERICORDIA. 

Muchas veces confundimos los términos, incluso en las predicaciones, sermones, devocionales o enseñanzas.  Por la Gracia de Dios recibimos lo que no merecemos; por la Misericordia de Dios no recibimos lo que merecemos. Por la Gracia de Dios recibimos el Perdón, la Salvación, la Vida Eterna, la entrada al Paraíso del Cielo, el privilegio de servirle, el Gozo, la Paz, la Fe, la Esperanza… ¡tantas bendiciones! Por la Misericordia de Dios no recibimos lo que merecemos: la Condenación Eterna, el Castigo Eterno, el Lago de Fuego. Pero la Gracia de Dios abarca un concepto mayor, ya que incluye los carismas. Para no complicarnos mucho, lo explico con un ejemplo: una vez siendo adolescente le pregunté a un anciano hermano, director del coro de una iglesia que nos visitaba, qué es lo que lo había mantenido fiel al Señor a través de los años. Él me respondió: ‐La Gracia de Dios. También La Escritura dice: “… de Gracia recibisteis, dad de gracia”. (Mateo 10.7b). Y en Proverbios 3.3: “Nunca se aparten de ti la Misericordia y la verdad”.

5. LEY Y ESPÍRITU.

 Es necesario explicar bien el significado de ambas expresiones, relacionadas con el Viejo y Nuevo Pactos y con el entendimiento del Antiguo y Nuevo Testamentos. Nunca debemos aceptar que son términos ‘enemigos’ entre sí. Ambos términos son correctísimos, buenos y santos. El problema reside en el ser humano pecador, el cual se esfuerza por cumplir la Ley exigida por un Dios Perfecto y Santo. Todo esto entra en el Plan de Dios, porque La Palabra de Dios dice: “De manera que la Ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la Fe”. (Gálatas 3.24). El ayo es la guardia, la persona encargada de cuidar niños, hasta que estos sean grandes. Para entender mejor el concepto podemos leer el pasaje completo en Gálatas 3.19‐29. Algunos enseñadores han armado una nueva doctrina utilizando con picardía ambos términos, Ley y Espíritu. Afirman que antes, en el Viejo Pacto, debíamos guiarnos por la Escritura, por la letra grabada en la piedra y luego en pergaminos. Y ahora, ya no necesitamos Las  Sagradas Escrituras, ya que nos guiamos por el Espíritu. Para ello, se basan equivocadamente en 2º Corintios 3.4‐8: “Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un Nuevo Pacto, no de la Letra, sino del Espíritu; porque la Letra mata, mas el Espíritu vivifica. Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del Espíritu?”. Como podemos ver, la Ley señala nuestras faltas, nos condena, nos mata, ya que dice: “Porque cualquiera que guardare toda la Ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos”. (Santiago 2.10). “De manera que la Ley, a la verdad, es santa, y el Mandamiento santo, justo y bueno. (Romanos 7.12). Por eso, cuando la Escritura dice que “la Letra mata” se refiere a la Ley, no a Las Sagradas Escrituras (AT y NT) que, siendo La Palabra de Dios, nos describe, explica, desarrolla el significado y los postulados tanto del Viejo como del Nuevo Pacto. Y cuando dice que el Espíritu vivifica, no se refiere a que nuestra espiritualidad se contrapone con La Biblia como la vida se contrapone a la muerte; sino que el Espíritu Santo es quien opera en nosotros la Nueva Vida, el Nuevo Nacimiento. (Juan 3.3‐5).

Hecha esta aclaración, reconocemos que hay muchas personas que conocen Las Escrituras, conocen su contenido, su letra, pero no tienen la Vida del Espíritu Santo.
Esto no se debe a que se basan en la Santa Biblia, sino a que nunca han nacido de nuevo por el Espíritu Santo; las verdades bíblicas, las verdades del Evangelio no han hecho mella en sus corazones; es decir, no han causado efecto en sus vidas.

Fuente: Contralaapostasia

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