lunes, 28 de mayo de 2012

OTAN: Después de la época de Guerra Fría viene la de Paz Fría

 

El Consejo OTAN-Rusia celebra diez años desde su fundación. La decisión de crear la principal herramienta de cooperación entre la Alianza del Atlántico Norte y Rusia se adoptó el 28 de mayo de 2002 en la cumbre de Roma.

La cooperación entre los antiguos adversarios en la Guerra Fría se caracteriza por altibajos. El ambiente que los miembros del Consejo celebran su décimo aniversario, podría calificarse de Paz Fría.

Rusia y la Alianza habían decidido promover la cooperación todavía en mayo de 1997. En la cumbre de París las partes firmaron el Acta Fundacional OTAN-Rusia. Pasados cinco años, fue instituido el Consejo OTAN-Rusia, herramienta de esta cooperación. La década pasada abunda en momentos tanto de tensión, como de cooperación eficaz entre los sus miembros.

Después del S-11, Rusia fue la primera en apoyar a EEUU y propuso su ayuda en la lucha contra el terrorismo. Moscú respaldó también la operación internacional en Afganistán.
Hoy por hoy, Rusia y la OTAN tiene suscrito con la Alianza el convenio sobre el tránsito a través del territorio ruso de cargas logísticas para las fuerzas de la OTAN. En Rusia reciben instrucción pilotos y personal técnico de la Fuerza Aérea de Afganistán, oficiales de las fuerzas de orden afganas.
Unidades aéreas y navales de Rusia y de la OTAN desarrollan periódicamente ejercicios militares conjuntos. Las partes cooperan en el diseño de nuevos equipos y material.

Ello no obstante, en líneas generales, los resultados de la cooperación en el marco del Consejo OTAN-Rusia son bastante modestos, resume el profesor titular de la Universidad Europea de San Petersburgo, Vladimir Guelman:
—A comienzos de los años 2000, inmediatamente después del S-11, las autoridades de Rusia hacían patente su disposición a cooperar con la OTAN. Luego vino un período de enfriamiento. La época actual podría ser caracterizada como una especie de Paz Fría: desde luego que no percibimos a la OTAN como un enemigo de los tiempos de la Guerra Fría, pero tenemos ciertos recelos. Por su parte, la Alianza también acoge con desconfianza a las autoridades rusas. Pero el que el Consejo siga funcionando, de por sí es un hecho positivo.
El enfriamiento a que se refiere el experto, tiene su explicación. Después del colapso de la URSS y, como consecuencia, de la Organización del Pacto de Varsovia también, la infraestructura militar de la OTAN se fue acercando a las fronteras rusas. Aunque altos cargos en Washington y Bruselas negaban las intenciones de ampliación de la OTAN, hacia 2004, en la Alianza ingresaron casi todos los países de la Europa del Este. Añádase a ello los bombardeos de Serbia en 1999 por la aviación de la OTAN que en 2008 trajeron como consecuencia el reconocimiento de la independencia de Kosovo.

Una gravísima crisis entre Rusia y la OTAN se desencadenó en agosto de aquel mismo año, cuando Georgia recurrió a la fuerza armada para retomar el control sobre Osetia del Sur y Abjasia y Moscú no tuvo otro remedio lanzar la operación de imposición de la paz. Habría sido el momento más oportuno para que los interlocutores del Consejo se dieran cuenta de que Moscú ya no permanecería cruzado de brazos, pero no, todo lo contrario, se pusieron a emplazar con ahínco elementos del escudo antimisiles en proximidades de las fronteras rusas. Los altos cargos de la OTAN y de EEUU afirman que el escudo antimisiles no está dirigido contra Rusia, agregando en seguida: desplegaremos la defensa antimisiles en Europa, sin importar lo que vosotros penséis de ello. Pero cuando Moscú adopta contramedidas y despliega sistemas de misiles Iskander en sus fronteras occidentales, la Alianza se indigna ante “la militarización de la provincia de Kaliningrado”. Así que todavía es prematuro hablar de una cooperación equitativa en el marco del Consejo OTAN-Rusia, destaca el experto en seguridad europea, Dmitri Danílov:

—Todo esto trae como resultado la ausencia de una cooperación realmente equitativa. A nosotros nos informan sobre muchas cuestiones, ya previamente debatidas y acordadas en la OTAN, que son difíciles de modificar. Rusia no dispone de muchos instrumentos para ejercer influencia en estas actitudes ya consensuadas.

De todas formas, más vale una mala compostura que un buen pleito. El Consejo OTAN-Rusia funciona y esperanzas de que la cooperación pase a ser de veras eficaz, para lo cual hay que trabajar de mancomún, y no poner al interlocutor ante un hecho consumado, informándolo sobre las decisiones ya adoptadas.

Fuente: lavozderusia

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