martes, 8 de mayo de 2012

Francia: extremismo, caída económica y antisemitismo


Todavia siguen festejando los islámista la vicotoria de Francois y los mercados mundiales siguen en caída libre, al igual que el petroleo, el oro.


El título de este artículo parece de la Alemania de pre-guerra. Desgraciadamente éste no es el pasado sino el presente europeo.
De los seis países europeos  que están o estarán viviendo procesos electorales: Francia, Alemania, Italia, Grecia, Serbia y Armenia. El resultado de los comicios franceses es el que traerá más enérgicas consecuencias a la Unión por ser Francia la segunda economía de la región y por albergar la mayor cantidad de musulmanes de Europa.

El demagogo socialista Francois Hollande derrotó a Nicolás Sarkozy y se viene con un fardo de medidas económicas contrarias a las que recomienda Alemania, la UE, el FMI y el sentido común. Su propuesta es la tradicional de las izquierdas, copia de la de Barack Obama: endeudar al país hasta el límite, aumentar los impuestos a los ricos, agrandar el gasto estatal y empobrecer a todos.
Obviamente esas decisiones no le afectarán a él quien dijo que donará su salario presidencial, ya que con su módico sueldo anual de USD 250.000 puede privarse de sus honorarios mientras habita en su humilde departamento de 2,5 millones de dólares.
El señor Hollande se opone a un presupuesto balanceado y optará por los típicos subsidios y expensas sin respaldo, para brindar ayuda social. Quien no ve las tribulaciones que están desgarrando el mundo a causa de las izquierdas, es porque fue parido con un Cociente Intelectual con 50 puntos por debajo del promedio.
Lo que el Partido Popular de España está dolorosamente tratando de subsanar, después de la catastrófica gestión de Rodríguez  Zapatero; Hollande lo piensa implementar.
Hollande se bautizó como el candidato “normal” en contraposición a Sarkozy que está vinculado consanguíneamente con la nobleza, se casó con la modelo Carla Bruni y se codea con los ricos y famosos. Asunto que según sus críticos lo marginó de las masas.
El “normal” Hollande, dejó a su compañera de 30 años, Segolene Royal, la ex candidata a la presidencia, y se juntó con una atractiva periodista: Valerie Trierweiler, apodada “La Rottweiler”.
El nuevo presidente socialista es notorio por ser evasivo en sus respuestas, de manera que en los próximos meses, después de que empiece a confrontar sus primeros problemas veremos cómo esquiva a la prensa. Su vida y sus ideas son una confusa mezcolanza de incongruencias. Nadie sabe con verdadera exactitud qué es lo que piensa y muchos que lo conocen de cerca dicen que ni él mismo lo sabe.

A nivel social los efectos de la izquierda en el Eliseo pueden ser mortales. Los musulmanes radicales son el peligro más serio que enfrenta Francia, Europa y el mundo, y los socialistas son sus mejores amigos. De manera que habrá un crecimiento de su influencia cultural, acompañado del amedrentamiento a la sociedad.
Simultáneamente, el Frente Nacional de Marine Le Pen cobrará mayor fuerza y agresividad a medida que los progres profundicen sus regulaciones migratorias y multiculturales, polarizando la sociedad francesa hasta el resquebrajamiento.

El antisemitismo musulmán sumado al de la ultra derecha, que obtuvo un inusual respaldo electoral, es de cuidado para la comunidad judía francesa --la mayor de Europa Occidental-- a quien más le vale hacer las valijas y abandonar el país pues no tiene quién la proteja.
A nivel de su comercio, si la economía francesa entra en crisis aguda, cosa que es fácil de predecir, el euro tendrá que desaparecer.

Salvar a Grecia, Portugal e Irlanda de una catástrofe mayor con los préstamos que recibieron de los países grandes, ha permitido que el euro siga existiendo. Europa no puede seguir gastando sus reservas para salvar a Francia. Sólo estará China para ir a su rescate, igual que está haciéndolo con los Estados Unidos.
Finalmente, el mundo dependerá financieramente, por lo menos por los próximos años, de la dictadura comunista más poderosa del planeta. Ni a Mao ni a Stalin les dio el cerebro para entender cómo se podía lograr la supremacía global sin disparar un tiro. El método era simple, había que hacer plata.

Fuente: DiariodeAmérica

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