jueves, 16 de febrero de 2012

Honduras: 365 muertos y casi 200 reos cristianos en carcel indenciada


Un incendio en una cárcel hondureña en Comayagua causó la muerte de por lo menos 300 presos, muchos de los cuales quedaron atrapados en sus celdas y fueron envueltos por las llamas mientras pedían ayuda a gritos.
El siniestro se registró el martes por la noche, recinto localizado a unos 140 kilómetros al norte de Tegucigalpa. 

El vocero de los bomberos de Comayagua, Josué García, calificó de “dantescas” las escenas que observó en el lugar cuando participó en las labores para extinguir el fuego. Relató que muchos reclusos perecieron en medio de la desesperación al no poder salir de sus celdas. En la cárcel había 852 reos.
Her Chinchilla, líder de un grupo capellanes de cárceles de Honduras, conversó con Mundo Cristiano sobre el estado de muchos de los reclusos y sus familias.
“Ya confirmamos que hay algunos cristianos entre las víctimas, tenemos algunos nombres. Se quemaron 5 celdas, de la 6 a la 10, todos murieron”. 

Chinchilla informa que entre 180 y 200 de los reos son creyentes. Muchos de ellos se reunían junto con otros presos en una pequeña capilla en el centro de la cárcel. Este recinto también fue consumido por las llamas.
“En el centro penal tenemos pastores y copastores. Muchos de los que se convierten los formamos como pastores con estudio. Teníamos cultos todos los días, estas prédicas eran apoyadas por iglesias y ministerios. Había discipulado todos los días en la mañana y en tarde. Habían cadenas de oración a cargo de líderes que estaban a punto de cumplir sus condenas”. 

En cada celda un reo tenía el derecho, con el visto bueno de las autoridades carcelarias, de predicar en las noches. Los líderes de celda eran escogidos de acuerdo a su testimonio.
“Tenemos el respaldo de los encargados del presidio, los pastores tienen carnet para entrar en varias cárceles, a ellos (autoridades) les agradaba que predicáramos”, dice Chinchilla.
Varios policías penitenciarios se convirtieron al escuchar las prédicas de los líderes de cada celda. 

Ayuda a las familias

Chinchilla y varios pastores comenzarán a dar apoyo espiritual a las familias que perdieron seres queridos tras el incendio.
“El trabajo que tenemos ahorita es de consuelo a los familiares, estas palabras pueden ser de bendición, pero hay familias que no tienen como comprar un ataúd, o como enterrar a su esposo. Es una difícil tarea con estas personas”.
Iglesias de la zona se preparan para recibir a personas que ocupen oración y consejería. Algunas congregaciones realizarán vigilias de oración durante la semana.
Frutos de libertad
Alrededor de 70 presos que cumplieron condenas a través de los años, hoy son pastores de iglesias en diferentes partes de Honduras.
“Un amigo estuvo preso 12 años, se hizo pastor dentro de la cárcel, quedo libre y ahora tiene una iglesia grande de más de 400 miembros, gracias a Dios que aprendió lo que se le enseñó”, relata Chinchilla.
Este ministerio de capellanes cuenta con el respaldo y apoyo de 7 iglesias y el mensaje es basado en la sana doctrina de la Biblia, sin marcar una identificación con alguna denominación. 

Estado de emergencia 

El presidente de Honduras, Porfirio Lobo, prometió una investigación completa y transparente sobre el incendio. Aseguró que las autoridades penitenciarias serían suspendidas mientras se llevan a cabo las diligencias. El primer mandatario consideró que el fuego era una lamentable e inaceptable tragedia.
Cientos de familiares se dirigieron al Hospital Santa Teresa, ubicado en el mismo estado que la prisión. El hospital ha atendido más de 40 reclusos con serias quemaduras y otros 40 fueron enviados en ambulancia al Hospital Escuela en la capital del país. 

Se espera que las investigaciones determinen las causas del incendio. Preliminarmente, se maneja la hipótesis que las malas condiciones eléctricas provocaron el incendio. Por su parte, autoridades penitenciarias no descartan un motín como posible causa. 

Fuente: Mundocristiano.tv

Honduras ha sufrido una de las mayores tragedias en su historia en relación a los Centro Penales. Ya en dos ocasiones anteriores dos centro penitenciarios fueron afectado por el fuego, uno en San Pedro Sula y el otro en Ceiba. Pero para rematar mas la terrible imagen de Honduras, el día 14 de febrero, día de la amistad, en la noche, el Centro Penal de Comayagua se convirtió en un infierno, y como consecuencia del incendio, se perdieron la vida más de 365 personas. Este hecho ha sido el más terrible accidente en una cárcel hondureña y posiblemente de América Latina.

¿Por qué ocurre esto? Puede haber muchas causas, aunque es posible que algún reo, para llamar la atención y experimentar una fuga, le hubiese pegado fuego al colchón. También cabe la posibilidad de que el sistema eléctrico, muy anticuado y sobrecargado, produjera un corte circuito, originando el fuego. El hecho es que no tuvieron tiempo de abrir las celdas para permitir que un mayor número de presos sobrevivieran, y como un infierno, ardieron amontonado dentro de las bartolinas, ya supér pobladas. ¿Dónde estaban los guardias que no actuaron rápido? Esta es la pregunta que muchos se hacen, porque demuestra negligencia en el personal de guardia.
Pero este problema aislado es solo un pequeño efecto de una terrible realidad. Desde hace años los centros penales hondureños han experimentado un gran deterior. Esto ha sido debido al alto índice de delincuencia en el país y al insuficiente espacio en las carécele, las cuales se han convertido algo parecido a un campo de concentración, en condiciones infrahumana porque la delincuencia ha crecido más que la capacidad del Estado para atender este problema. 

El Centro Penal de Comayagua era uno de los más prospero en cuanto al aspecto productivo. Recuerdo cuando lo visite en la época en que fue Ministro de Seguridad el Lic. Gautama Fonseca. Gautama lucho por hacer de este centro un modelo productivo, al instalar varios proyectos como el engorde de cerdos y una panadería, así como algunas siembras en donde los reos de menos riesgos trabajaban. En realidad lo que complico este Centro fue la superpoblación, y la falta de mantenimiento en las instalaciones.
Por lógica, todo centro en donde vivan muchas personas, deberían tener detectores de incendio, sistemas de emergencia para incendios y sobre todo un mayor control de las bartolina o celdas. Las leyes de salud y seguridad establecen de forma internacional un determinado espacio por persona, aplicable tanto a los recintos públicos como privados, así como la existencia de extintores y puertas de emergencias. Estas medidas son aplicadas por los bomberos a las discotecas, locales de reunión, oficinas y empresas, pero ¿No deben los centros penales estar sujetos a esta misma política? Debería el Estado aplicarse a sí mismo las normas y regulaciones que establecen para otros. Si los Centros Penales no estuvieran superpoblados, si se inspeccionaran los sistemas eléctricos, y si se velara más por los presos, una vez encerrado, quizás no hubieran muerto tantas personas como ocurrió en Comayagua. Además, su hubiese un sistema de alarma frente al fuego, se podría actuar a tiempo.

Algo que me llama la atención es el hecho de que algunos presos que murieron tenían celulares y llamaron a su familia para despedirse. Si supuestamente incendiaron un colchón, como afirman algunos ¿Cómo se les deja tener fósforos en los dormitorios? No cabe duda que en los centro penales hondureños se introduce drogas, celulares, armas y otros objetos punzantes, burlando el control, y todo esto se debe a la vulnerabilidad de un sistema que viene descuidado desde hace más de 15 años.

Lamentamos esta tragedia. Me entristecen las malas noticias internacionales que lanzamos al mundo en momentos en que Honduras está en la punta de la picota de la crítica mundial. Y me duele el dolor de los familiares de esos más de 360 muertos y otros tantos heridos, que sufren hoy las consecuencias de un infierno como lo fue este Centro Penal de la Ciudad de Comayagua. Que Dios de fortaleza a los que perdieron un ser querido, y que pronto se pueda aclarar las causas de tan terrible tragedia.

Fuente: Mario Fumero desde Honduras 

                                                                                                                                     

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